Sopesa Cuidadosamente Tus Esperanzas Y Tus Miedos…

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Pocas habilidades son tan importantes como aprender a distinguir hechos de opiniones (afirmaciones y juicios, decimos los Coaches). Diferenciar lo que creo de “lo que es” es útil en todos los ámbitos: el personal, en nuestras relaciones y hasta en los negocios, porque nos permite entender en qué terreno nos estamos moviendo.
 
Pero muchas veces confundimos unos con otros y, al hacerlo, nuestro bienestar, nuestra salud y, en algunos casos, hasta nuestro dinero se nos escabulle entre los dedos.
 
Por eso, basar las esperanzas y temores en hechos, más que en percepciones u opiniones te cambia el juego, te catapulta a otra calidad de pensamiento y de decisiones. Es una práctica que paga con creces el esfuerzo de incorporarla. ¿Y en esos raros casos en que, aunque busquemos los hechos, los mismos resultan dudosos y poco claros? Bueno, en esos casos… ¡creamos lo que tengamos ganas, elijamos a nuestra conveniencia y simplemente seamos felices!
 

 

 

¿Cómo cumplir, finalmente, tus objetivos para este año?

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El cierre de cada año representa, para la mayoría, un tiempo de balance. Miramos hacia atrás y repasamos cómo nos fue durante el año que se va. Miramos hacia adelante y, con la ilusión propia de cada nuevo comienzo, nos trazamos nuevos objetivos y metas. Cada año nuevo trae consigo la semilla de una nueva oportunidad.
 
Pero para algunos, también trae un leve dejo de melancolía, esa sensación con trazos de tristeza que nos recuerda “un pasado mejor”. ¿De qué pasado hablamos? Del año pasado cuando, con las mismas ilusiones, nos propusimos muchos de los mismos objetivos que hoy nos volvemos a plantear. Porque, si hay algo universalmente extendido, es esa tendencia a fijarnos metas para, tiempo después, sentir el desencanto de no haberlas cumplido.
 
¿Pero por qué nos sucede esto? ¿Es que nos gusta defraudarnos a nosotros mismos? ¿Somos adictos a una vida con sabor a poco? No lo creo. Por el contrario, creo que todos tenemos las mejores intenciones y deseos para nosotros mismos pero, como tantas otras veces, nuestro error está en nuestras expectativas y la forma que tenemos que abordarlas.
 

Evitar el cambio radical

Pocas frases son tan mentirosas como “Año nuevo, vida nueva”. Hacer cambios tan pequeños como acostarnos más temprano o ejercitaros a diario nos cuestan una inmensidad, pero nos ilusionamos con dar un giro de 180° en varios ámbitos al mismo tiempo con el solo paso de una página del calendario. Buscamos el cambio radical.
 
Pero el cambio radical, si bien existe, suele ser muy doloroso: me enfermé de gravedad y me prohibieron consumir ciertos productos. Experimenté una profunda pérdida personal y ahora tengo que acarrear pesos que antes eran compartidos. Cambié, lo logré… ¿pero a qué precio?
 
Nuestro organismo tiene mecanismos para buscar el equilibrio de forma natural y, cuando circunstancias externas lo fuerzan a cambiar, sufre. En cambio, se siente mucho más a gusto con el cambio gradual, casi imperceptible, porque de esa forma no se activa la amígdala, la porción de nuestro cerebro que se resiste a lo nuevo.
 

Sumando insignificacias

Si queremos hacer verdaderos (y duraderos) cambios a nuestra vida, la forma más efectiva e indolora de abordarlos es a través de incrementos tan pequeños, tan pequeños, que nuestro cuerpo no pueda ofrecer resistencia. Cambios tan imperceptibles que casi no se sientan como tales pero que, gracias a su repetición y acumulación, terminen generando resultados sorprendentes. Es lo que los japoneses llaman Kaizen, o mejora continua.
 
La mejora continua a veces es vista como una “oda a la insuficiencia”. Algunos la viven como el mal de “nada alcanza porque siempre debemos ser mejores”. Una estrategia segura para volverte un amargado.
 
¿Pero cómo sería contentarnos con dar un mínimo paso hacia nuestros objetivos? Al fin y al cabo, un paso es un paso, sin importar su longitud. Te comparto algunos ejemplos simples:
 

    • Deseo ahorrar pero me cuesta no gastar todo mi dinero… ¿y si me propusiera ahorrar un dólar por día? Sí, hasta en Argentina se puede (¡son USD 30 al mes!).
    • Deseo comenzar a hacer ejercicio… ¿Y si por este mes hiciera una abdominal diaria? ¿O si caminara una cuadra?
    • Si querés incorporar el hábito de la lectura… ¿cómo te suena leer durante un minuto? ¿De verdad no tenés un minuto? Tus problemas, entonces, son mucho más graves.
    • Me gustaría comer más saludable… ¿y si dejara un bocado de mi plato sin comer?

 
Todos estos ejemplos pueden parecer insignificantes y sin consecuencias visibles, pero justamente ahí está el secreto. Que las consecuencias son invisibles, pero no por eso menos poderosas. Lo que sucede, cuando damos pasos tan pequeños, es que nuestro organismo deja de ofrecer resistencias (físicas o mentales) y, por lo tanto, somos capaces de generar un hábito. Y cuando el hábito ya está instalado, podemos dar un pequeño paso más: le tomamos el gusto al ahorro y ahora juntamos dos dólares por día. Una abdominal tiene sabor a poco y… ¿por qué no hacer alguna más? El libro que tomé está interesante… no estaría mal leer hasta el final de la página. Y así con cualquier otro hábito.
 
Si moderamos nuestras expectativas y abordamos el cambio con más curiosidad que autoexigencia, no solamente nos acercaremos más a nuestros objetivos sino que disfrutaremos mucho más del viaje. ¿Puede resultar un poco lento? Tal vez… pero, al final de camino, es mejor llegar un poco más tarde que otro año sin llegar.
 
¡Que tengas un excelente 2020! Y que cumplas todos tus objetivos.
 

 

 

¿De Viaje? Modismos y Acentos

 


 
Cuando tenemos que hacer una presentación en otra ciudad, país o región necesitamos cuidar los modismos que utilizamos, para que nuestro mensaje llegue con claridad al público.
 
En este video te contamos qué tenés que tener en cuenta sobre los modismos y los acentos.
 
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