Archivo de enero 2012

Una Idea Sobre Ruedas

En honor a la verdad, nunca leí las obras de Víctor Hugo (lo más cerca que estuve de esto fue el relato de Víctor Hugo Morales del segundo gol de Maradona a los ingleses en el Mundial de México 86).
 
Sin embargo, hay una frase que le atribuyen a este poeta y dramaturgo francés que me impactó desde la primera vez que la leí:
 

 
Ningún ejército puede detener una idea a la que le ha llegado su momento. Víctor Hugo
 

 
Me pareció una frase tan lapidaria como cierta. ¿Se pusieron a pensar alguna vez acerca de esto? ¿Cuántas veces una idea era irrealizable en un determinado contexto para pasar a ser inevitable en otro no tan lejano?
 
Y así como pude encontrar infinidad de ejemplos de nuestro día a día me dispuse a buscar ejemplos del mundo de los negocios y encontré uno que me encantó:
 
A finales de los años ’70 un ingeniero inglés llamado Andrew Ritchie tuvo que pedir dinero prestado a sus amigos y familiares para poder diseñar el primer prototipo de lo que él consideraba sería el futuro del transporte urbano: las bicicletas plegables. Así fue que nació la marca Brompton.
 
La idea era maravillosa: una bicicleta cómoda y de excelente calidad, que podía plagarse en tres simples pasos hasta quedar casi del tamaño de una rueda rodado 16 (para quien no sabe si esto es mucho o poco, una bicicleta rodado 16 es la que generalmente utiliza un nene de 3 o 4 años en la Argentina… así de chica quedaba la bicicleta cuando se plegaba).
 
Sin embargo, el público no parecía estar de acuerdo con adoptar este nuevo concepto de uno de los medios de transporte más antiguos. Argumentos en su contra no faltaban: ¡Las ruedas son muy chicas, se ven ridículas! ¡Una bicicleta plegable no puede soportar el peso de un adulto! ¿Cuánto hay que pedalear para avanzar 10 metros con esas “rueditas”? Las críticas estaban a la orden del día. Era evidente que a esta idea, su momento no le había llegado.
 
Brompton Folding Bicycle
 
Sin embargo, a partir de 1998, comenzó a imponerse en Europa (en países como Holanda y Dinamarca principalmente, y en el Reino Unido en menor medida) el concepto de movilidad sustentable. Las grandes ciudades acumulaban demasiado tránsito y una forma de mejorar esta situación era promover el uso urbano de bicicletas. Pero si hay dos cosas que no suelen abundar en las grandes urbes, ellas son el espacio físico y la seguridad, no importa que vivamos en Buenos Aires o en París. ¿Dónde podría guardar una bicicleta alguien que vive en un departamento de 30 o 40 metros cuadrados, sin balcón? ¿Cómo hacer para llevarnos la bicicleta con nosotros y no tener que dejarla atada a un poste, exponiéndonos a su casi seguro robo? Entre todas las posibles opciones, había una que ya estaba disponible desde hacía casi 20 años: una bicicleta plegable.
 
¡Pero qué buena idea! ¿Quién habría sido el genio que pensó esto? Seguramente el mismo loco que las diseñó cuando a nadie le importaban.
 
Y fue así que mientras se vendieron solo 500 bicicletas Brompton desde su creación hasta el año 1998, desde esa fecha hasta la actualidad se llevan vendidas más de 100.000, habiéndolas comercializado en más de 30 mercados internacionales (y el número crece de a 16.000 unidades por año).
 
Esta historia me encanta porque demuestra en el mundo real lo que Víctor Hugo escribió hace casi dos siglos: Ningún ejército puede detener una idea a la que le ha llegado su momento. Y a las Brompton les llegó su momento.
 
Por eso, si creen en algo firmemente, no abandonen esa idea solo porque hoy no parece aceptarla nadie. Lo irrealizable muchas veces pasa a ser inevitable, solo es cuestión de que llegue su tiempo.
 

 

 

¡Feliz Año Nuevo!

En este 2012 que recién comienza, el equipo de Nabhen & Co. les desea salud, felicidad y prosperidad (en este orden o en el que más les guste). Esperamos que todos nuestros colegas y amigos puedan cumplir sus sueños y anhelos y que este nuevo año sea realmente memorable para todos.
 
Y para comenzar de la mejor manera, queremos compartir con ustedes una pequeña parábola:
 
La Piedra y El Hombre
 
El distraído, tropezó con ella.
El violento, la utilizó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Drummond, la poetizó.
David, la utilizó para derrotar a Goliat.
Y Michelangelo, le sacó la más bella de las esculturas.
 
En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre…
 
El año que comienza es el mismo para todos, depende de nosotros lo que hagamos con él.