Archivo de marzo 2012

La Importancia De La Inteligencia Emocional

Durante muchísimo tiempo, en nuestra civilización occidental, las emociones fueron dejadas bastante de lado dándosele, en su lugar, un valor fundamental al pensamiento, a la razón. Eso explica el vertiginoso progreso de la ciencia y de la técnica, pero también explica un atraso relativo con respecto a oriente, en lo que sería un equilibrio entre ambos atributos del ser humano.
 
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX aparece un interés creciente por el estudio de las emociones y una toma de conciencia de su impacto en la vida personal y profesional de las personas. Esta tendencia se hace más públicamente conocida con la aparición de la obra de Daniel Goleman “La Inteligencia Emocional”.
 
Hoy en día, no quedan dudas respecto de la influencia que las emociones tienen tanto en la calidad de vida de las personas, como en el éxito que su adecuado conocimiento y manejo permiten alcanzar.
 
Así, hay estudios científicos que son de por sí elocuentes, como los realizados por Hay Group de Estados Unidos, que nos dicen que:
 
“Entre el 80% y el 90% de las competencias que nos permiten diferenciar a los líderes sobresalientes de los líderes promedio pertenecen al dominio de la inteligencia emocional”. Y que “La presencia de las competencias propias de la autogestión, las habilidades sociales y ambos grupos de competencias supuso un aumento en los beneficios del 78%, del 110% y del 390% respectivamente sobre los que carecían de las mismas”.
 
Estos datos dan poco lugar para dudas y colocan a la inteligencia emocional en un lugar definitivamente central.
 
La buena noticia esta en que, a diferencia del cociente intelectual, la inteligencia emocional es mucho más factible de ser desarrollada. Muchas de las reacciones que perjudican nuestras relaciones y nuestra eficacia no son más que malos hábitos adquiridos. Animándonos a mirarnos a nosotros mismos, descubriremos patrones de conducta con los cuales nos sentimos cómodos, a pesar de que nos perjudican enormemente. El desafío está en tomar conciencia de ellos y comenzar a cambiarlos mediante la utilización del autocontrol. Al principio no nos resultará nada fácil, incluso quienes nos conocen pueden sorprenderse por nuestro cambio y pueden llegar hasta reírse de nosotros. Pero si perseveramos en el esfuerzo, esa nueva manera de ser se hará “carne” en nosotros y en la percepción de los demás y habremos logrado un importante adelanto.
 
Muchas personas con quienes he compartido esto me han dicho que no es posible lograrlo, que es muy difícil ejercer el autocontrol y cambiar de hábitos… A ellos le cuento una anécdota que una vez viví:
 
Mientras conversaba con el gerente de una empresa, entró a su oficina un empleado administrativo a traerle un trabajo que horas antes le había solicitado. Al ver el trabajo, el gerente (que tenía fama de ser muy malhumorado) le dijo de mal modo “que su trabajo era un basura y si no le daba vergüenza presentar algo así…” el empleado, quedó muy perturbado por esto y solamente atinó a retirarse en silencio para rehacer el trabajo… Al quedar nuevamente solo con el gerente, le dije que en mi opinión había estado muy grosero y que su conducta no lo ayudaba en nada en su liderazgo. A eso me contestó, que el empleado “se las tenía que aguantar, porque él era así.”. Cuando me dijo esto, lo miré y le pregunté “¿Si el interlocutor hubiese sido tu superior en lugar del empleado hubieses reaccionado de la misma manera?” Solamente se le subieron los colores en su rostro y cambió de tema…
 
Este ejemplo nos muestra a las claras que cuando queremos, podemos…
 
Evidentemente, la inteligencia emocional no se limita a tomar autoconciencia de nuestras emociones y ejercer un autocontrol de las mismas, aunque esto y es mucho Hay bastante más, pero en la medida en que nos decidamos a avanzar en nuestro crecimiento emocional nos vamos a encontrar con muchas sorpresas muy agradables.
 
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