Archivo de mayo 2012

Y De Repente, Se Da La Magia

Eduardo Kastika, consultor en Creatividad y exprofesor mío de la facultad, habla en su libro Anímese a Emprender de cinco momentos de un emprendimiento. Uno de ellos, que tuve varias oportunidades de constatar en la práctica, y que personalmente me gusta mucho, es el que denomina La Gota.
 
La Gota es ese momento en que se da la magia y, luego de muchos esfuerzos que parecían inconducentes, el resultado de los mismos se da simultáneamente, de repente, como una “gran avalancha de buena suerte”.
 
La Gota es lo que, en términos más técnicos, se denomina “Punto de Inflexión” y es el momento a partir del cual una tendencia, antes minoritaria, se consolida para volverse prácticamente definitiva. El detalle a tener en cuenta es que este fenómeno ya no se produce a pequeña escala, sino que comienza a crecer exponencialmente.
 
Lo llamativo de esta dinámica, que es maravillosa cuando se da en el sentido expuesto, es que también ocurre en forma inversa. Es como cuando una empresa se permite una desprolijidad tras otra con sus clientes y ve que éstas tienen poca incidencia en sus resultados… entonces las ignora. Hasta que un día se produce una baja en las ventas que poco a poco se acentúa más para, finalmente, volverse irreversible.
 
Esta es una ley casi inquebrantable de los negocios y, en particular, de los emprendimientos. Por eso, es importante conocerla y respetarla, ya sea para no perder la fe cuando las cosas parecen no funcionar, como para no dormirnos en los laureles del éxito y seguir poniendo foco en la calidad de nuestros productos o servicios. Esto es, al final de cuentas, lo único que nos hace creíbles frente a nuestros clientes y económicamente sustentables en el tiempo.
 

El Mito de las Generaciones en el Trabajo

Los consultores en Recursos Humanos vivimos escuchando y charlando con nuestros clientes y colegas acerca de la infinidad de efectos que se presentan diariamente en el ámbito laboral con motivo de la coexistencia de colaboradores pertenecientes a las distintas generaciones: que los Baby Boomers dejan su vida por la empresa, que es evidente la falta de compromiso de los chicos de la Generación Y, que los mandos medios o gerentes X no comprenden a la nueva generación, etc, etc, etc.
 
Mi intención no es desacreditar las teorías que existen al respecto porque, no solo están bien fundamentadas a través de trabajos profesionales, sino que también lo evidenciado en la práctica nos lleva a las mismas conclusiones. Pero hace algunas semanas, en un foro de colegas de Recursos Humanos del que tengo el gusto de formar parte, se inició un acalorado debate acerca de los “candidatos impresentables” que faltan a las entrevistas sin previo aviso y, en caso de lograr ser contactados luego del “plantazo”, inventan las excusas más delirantes que uno pueda imaginar.
 
En relación a esta cuestión, en mi rol de consultor, he tenido un record de 5 faltas sobre 5 entrevistas acordadas para un único día. Seguramente varios me superen, pero yo ostento orgulloso este “100% de eficacia” (¿o debería decir “de ineficacia”?). Casualidad o no, casi en la totalidad de las oportunidades que “quedé pagando” los responsables fueron chicos jóvenes, de entre 19 y 26 años… “Ahhhh… ¡la Generación Y! ¡Esos irresponsables!” exclamaría iracunda una querida colega de 37 años, cuyo nombre prefiero mantener en el más estricto anonimato.
 
Bueno, todo esto me hizo pensar… ¿Realmente son unos irresponsables los chicos de la Generación Y? ¿Y las otras generaciones, pueden arrogarse el profesionalismo y la responsabilidad que decimos carecen los más jóvenes?
 
Reflexionando sobre estas cuestiones, me acordé de lo que me comentó un cliente, un tanto escéptico, durante un almuerzo de trabajo: “Toda esta historia de las Generaciones tiene sentido con menos del 10% de desocupación. Si no hubiera trabajo…”. Su comentario me hizo sentido. El mismo sentido que me hizo el comentario de otro cliente, con operaciones en un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, donde casi toda la vida económica y comercial del mismo gira en torno a la planta de producción de su empresa. Ingresar a trabajar con ellos es, por lejos, la mejor oportunidad laboral de dicho pueblo, se pertenezca a la Generación que se pertenezca.
 
Entonces… ¿es cierto todo lo que los consultores decimos acerca de estas cuestiones, o es solo una posible explicación para tratar de entender nuestra realidad? Creo que un poco y un poco. Como comenté al principio, muchas de las teorías sobre esta materia tienen un fuerte sustento en los hechos. Pero también es cierto que estas mismas teorías se arraigan mucho más en determinados contextos demográficos y económicos. Si las condiciones cambian, seguramente también lo harán muchos de los comportamientos de las distintas generaciones (sino, miremos a España en la actualidad).
 
Como en todos los ámbitos de la vida, creo que no hay absolutos.
 
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Explorador del Mundo

¡Nos encanta esta lista de 13 puntos para ser un “explorador del mundo”!
 

 

“Soy Malo Para Los Negocios”

Nos complace anunciar que, paralelamente a nuestros servicios de Recursos Humanos, nos estamos abocando a un nuevo proyecto. No tiene nombre aún, pero promete ser algo grande.
 
La idea es poder colaborar con todos aquellos que desean comenzar con tu propio negocio, su propio emprendimiento pero no se siente capaz o, simplemente, no cabe cómo arrancar.
 
En este breve post, compartimos en forma resumida un adelanto de lo que vendrá: siete principios básicos y casi inevitables para todo aquel que emprende por primera vez:
 
Principio nro. 1: siempre que elegimos un camino, descartamos otro (y todo lo que viene con él)
Es muy común encontrar gente con intenciones de emprender un proyecto, con ideas interesantes, pero que se paralizan ante el siguiente dilema: si pongo toda mi energía en mi proyecto, voy a tener que dejar mi trabajo… y mi sueldo. Si querés realmente dedicarte a tu propio emprendimiento, en algún momento vas a tener que dejar tu empleo. Y posiblemente esto ocurra cuando los ingresos que está generando tu proyecto te sean insuficientes para cubrir tu actual nivel de vida.
 
 
Principio nro. 2: los comienzos nunca serán sencillos
No conozco absolutamente a nadie que haya comenzado un proyecto personal y los primeros pasos no le hayan costado. Aún los ganadores de siempre, aquellos a los que supuestamente todo les sale bien, confiesan que los primeros tiempos fueron duros.
 
 
Principio nro. 3: los grandes resultados se ven sólo a largo plazo, como consecuencia de pequeñas acciones repetidas en forma constante y coherente
El tercer principio puede leerse de dos formas:
 

  • Los grandes resultados llegar como consecuencia de un trabajo consciente y metódico y solo se manifiestan en el largo plazo.
  • Los grandes resultados pueden producirse rápidamente, en el corto plazo, pero si son fruto de la casualidad o de coyunturas puntuales, no se perpetuarán en el tiempo.
  •  
    Podemos lograr pequeños resultados positivos en un corto plazo, pero si queremos cumplir grandes objetivos, tenemos que tener una conducta, una ética de trabajo y una coherencia que se mantengan inalterables a lo largo del tiempo.
     
     
    Principio nro 4: voy a tener que hacer muchas cosas que no me gustan
    Digamos que mi sueño siempre fue ser consultor de empresas, y me encanta pararme frente a gerentes y directores para asesorarlos sobre cómo hacer las cosas. Seguramente buena parte de mi tiempo lo va a insumir esta actividad… ¿pero qué hay de todas las otras tareas que implica tener nuestro propio emprendimiento? Para hacer algo que nos gusta, como emprendedores tendremos que hacer muchas cosas que no nos gustan.
     
     
    Principio nro 5: no se trata de tener buena o mala suerte
    Si queremos tener nuestro propio proyecto, dejemos las quejas para otro ámbito. A veces las cosas salen bien y otras veces salen mal… no todo depende de nosotros y del empeño que le pongamos a nuestro trabajo, aunque si nos esmeramos por hacer bien las cosas tenemos más chances de triunfar.
     
    No se trata de tener buena o mala suerte. Los negocios se tratan de actuar con inteligencia y sentido común. Y si alguna vez las cosas no nos salen como esperábamos, lo que tenemos que hacer es dejar de culpar a la rueda de la fortuna y aprender de nuestros errores, haciéndonos cargo y corrigiendo aquello que salió mal.
     
     
    Principio nro 6: es inevitable sufrir un mínimo grado de exposición
    Aquel que emprende tiene que asumir que va a tener que exponerse de alguna forma: exponerse a que su producto guste, exponerse ante un cliente simplemente para poder vender, exponerse para que conozcan sus ideas, exponerse a un montón de escollos administrativos y tributarios que podría evitar si se quedara en su casa. Asumámoslo: no exponerse a cierto nivel es sencillamente imposible. Lo mejor que podemos hacer es determinar cuál es nuestro mayor grado de tolerancia y actuar en consecuencia. Y para el resto, no está de más pedir ayuda.
     
     
    Principio nro. 7: estén listos para las sorpresas
    Casi todos arrancamos nuestro emprendimiento con una serie de potenciales clientes en mente. Sabemos que en cuanto demos los primeros pasos llamaremos a Carlos o a Juan porque a ellos “seguro” que les va a gustar nuestro producto. De hecho, nos lo hicieron saber enfáticamente cada vez que les contamos a qué nos dedicaríamos a partir de ahora.
     
    Pero de repente, cuando llamamos a Carlos está tan ocupado que no nos puede recibir. Y Juan está con algunos gastos inesperados que le hacen imposible siquiera escuchar nuestra propuesta. Queridos emprendedores: bienvenidos al mundo real.
     
    La buena noticia: así como habrá muchos “futuros clientes” que se olvidarán rápidamente de nosotros, muchas veces recibiremos ayuda de la última persona que creímos nos tendería una mano.