Archivo de junio 2012

El Derecho de Piso, Esa “Cordial” Bienvenida

Hace unos días me encontré de casualidad con un excompañero de trabajo con quien coincidí en uno de mis empleos en relación de dependencia, antes de iniciar la aventura de Nabhen & Co. Lo llamativo de este chico, más allá de su destacable inteligencia y capacidad, fue que no lo recordaba precisamente por estos atributos sino porque su ingreso a la compañía a la que pertenecíamos se le hizo muy cuesta arriba. ¿Por qué, si era tan capaz e inteligente? Lisa y llanamente, porque tuvo que pagar el Derecho de Piso.
 
Y su caso, si bien un tanto extremo (sé que por momento no la pasó nada bien) me hizo recordar que todos en algún momento sufrimos, al menos un poquito, de esta “cordial” bienvenida.
 
Ahora, ¿está bien que pase esto? O para no hacer juicios de valor… ¿Por qué ocurre? Más allá de que un rápido análisis nos puede conducir a pensar que la gente “cobra derecho de piso” por su propia inseguridad (a que el nuevo compañerito ocupe su lugar, le saque protagonismo o un sinfín de etcéteras), yo lo asocio más con el egoísmo. De hecho, me recuerda mucho a una situación que se da generalmente en el trasporte público:
 
Muchas veces, al subirnos a un colectivo, nuestro ingreso coincide con el descenso de una de las personas que ocupa uno de los codiciados asientos individuales que se ubican del lado izquierdo del colectivo (del mismo lado que el chofer). Felices de que tendremos un buen lugar a nuestra disposición sacamos el boleto y, cuando encaramos para dicho sitio, otro pasajero, que se encontraba cómodamente sentado en otro asiento, se abalanza sobre nuestro objetivo, simplemente porque como él estaba antes en el colectivo, asume que le corresponde sentarse primero en el lugar que le dé la gana y dejar al nuevo pasajero lo que él ya descartó. O sea, que el nuevo pague el derecho de piso… sólo por ser nuevo.
 
Esta situación, que lamentablemente observamos y aceptamos con mucha naturalidad, se da en todos los ámbitos sociales. En plano laboral, puntualmente, ocurre tanto en empresas grandes como en la más pequeña PyME. Y, desde mi punto de vista, es algo que sería bueno tratar de erradicar de nuestro comportamiento. Porque el tener más antigüedad en un lugar debería darnos una mayor responsabilidad y elementos para ayudar al nuevo miembro del equipo a adaptarse mejor a nuestro entorno. Ya bastante movilizador es el simple hecho de ingresar a un nuevo trabajo como para tener también que lidiar con el egoísmo de algunos de nuestros nuevos colegas. Creo que facilitar la adaptación de un nuevo compañero nos enaltece y hasta nos otorga autoridad, más que debilitarnos. Es como para tenerlo en cuenta.
 
Y sobre este excompañero al que me crucé y disparó esta reflexión, les cuento que no permaneció mucho en la empresa, lamentablemente. Pero su capacidad y deseo de superación lo hicieron avanzar mucho en la vida, por un camino bastante distinto a aquel en el que yo lo conocí, y hoy le va excelente… de hecho, mucho mejor que a muchos de los que le complicaron la vida en su momento.