Archivo de octubre 2012

¿Trampeamos Lo Suficiente?

Esta es una de las principales preguntas que se hace Dar Ariely (@danariely), profesor de Behavioral Economics de la Universidad de Duke, Estados Unidos, en su excelente obra The (Honest) Truth About Dishonesty.
 

 
Las conclusiones a las que llega el Prof. Ariely, según las cuales parecería demostrarse que el ser humano promedio es más honesto de lo que podría serlo, se contrastan con los motivos que nos llevan a hacer trampa en cuanto se nos presenta la oportunidad. Mientras estudios previos a este libro nos conducían a creer que las personas actuamos sólo por una ecuación costo-beneficio (o en términos de engaño, una ecuación ganancia-castigo potencial), los distintos experimentos que se condujeron demostraron que todos nos debatimos pendularmente entre dos fuertes inclinaciones:

    1. La necesidad de mostrarnos a otros y vernos a nosotros mismos como personas honorables, sinceras, honestas y honradas.
    2. La necesidad de maximizar nuestro beneficio en los distintos ámbitos de nuestra vida.

Pero… ¿cuál tira más ante una situación de conflicto de intereses? ¿Por qué algunas personas tienen mayor propensión a satisfacer la primera necesidad y otras la segunda?
 
Responder a estas preguntas en este post sería como contarles el final de una buena película. Es mejor que lo averigüen por ustedes mismos leyendo esta obra maestra del comportamiento humano. Sin embargo, a modo de adelanto, vamos a compartir algunas de las conclusiones a la que se arribó. ¡Qué las disfruten!
 

    1. Las personas nos sentimos más cómodas actuando deshonestamente cuantos más eslabones o elementos nos distancien del acto deshonesto en sí. Esta máxima se comprobó de diversas maneras, pero una de ellas fue poniendo en una heladera comunitaria USD 20 en billetes de USD 1 y el mismo valor en botellas de gaseosa. ¿El resultado? Con el correr de los días todas las botellas desaparecieron (la gente las tomó sin que les pertenecieran) mientras que no faltó ni uno solo de los billetes. Robar una gaseosa de una heladera parecería ser mucho menos grave que robar su equivalente en dinero…
    2. La trampa se puede propagar como un germen. Cuando las personas accionan en forma reñida con la ética, tienden a inducir a otras personas cercanas a “beneficiarse” con la misma acción. De este modo, si varios se benefician con lo mismo, la acción parece no revestir tanta gravedad. Una gran forma de autojustificarse. Pensemos si una máquina expendedora de golosinas funciona mal y nos devuelve, además de la golosina, nuestro dinero. ¿No le diremos a algún amigo que aproveche esta oportunidad única? Al fin y al cabo… ¿quién no perdió alguna vez dinero en una máquina expendedora? Sería como una “compensación”. Precisamente esto fue lo que se comprobó en otro de los experimentos.
    3. La trampa tiene un alto componente altruista. A través de distintas pruebas de campo, Dan Ariely demostró que cuando creemos que beneficiamos a otro con nuestro turbio accionar, las personas tendemos a justificar nuestros actos. Pensemos cuando un equipo de auditores externos acepta el “maquillaje” de un balance en “beneficio” de los accionistas de la empresa, de su propia consultora (que debe mantener feliz a su cliente) y de sí mismos (por las eventuales gratificaciones que puedan recibir por su “excelente” labor).
    4. Usar artículos “truchos” potencia el comportamiento deshonesto. A través de una serie de experimentos con anteojos de sol marca Prada (todos ellos originales), se pidió a un grupo de gente que completara un ejercicio numérico en el cual se dejaba abierta la posibilidad de mentir en la cantidad de respuestas correctas. Lo que se demostró es que aquellas personas a quienes se les dijo que los anteojos no eran auténticos, tuvieron un índice de trampa muy superior a quienes creían utilizar los Prada originales. De la misma manera, se comprobó que cuando comenzamos a violar nuestros estándares de conducta ética (por ejemplo, utilizando productos que no son originales), tendemos a reincidir en otros ámbitos y, peor aún, tendemos a aceptar la trampa en otras personas.

 

De Dónde Vienen Las Buenas Ideas

En esta oportunidad nos gustaría compartir esta fabulosa animación de Steven Johnson. En sólo 4 minutos este autor norteamericano nos muestra de dónde provienen las buenas ideas y porqué estamos asistiendo a una de las épocas más creativas e innovadores de la historia.
 


 
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El Mundo Es Para Los Audaces

Hay una frase de Robin Sharma, uno de los gurús de Liderazgo más reconocidos del mundo, que nos gusta e impactó mucho. La misma dice “Hug Your Monsters” y su traducción no literal vendría a ser algo así como “Abrazá a tus mayores temores”.
 
Esta podría ser una linda frase del montón, ideal para rellenar espacio en una actividad sobre Motivación, pero la razón por la que no lo es, es que cuando la contrastamos con lo que sucede en la vida real, cuando miramos a nuestro alrededor y vemos a las personas que llegaron lejos en sus vidas (sea cual sea el concepto de llegar lejos, no solo a nivel profesional o económico) todos ellos comparten una característica en común: la audacia.
 
Ser audaz no es ser temerario, identificar aquello que es peligroso y buscarlo sin sopesar riesgos y posibles consecuencias. Ser audaz es identificar lo que es bueno para nosotros e ir por ello a pesar de nuestras dudas y temores. Ser audaz es no engañarnos a nosotros mismos, conformándonos “con lo que hay” y es también enfrentar aquellas trabas que no nos permiten cumplir nuestros sueños.
 
El mundo está repleto de ejemplos de gente que, con su audacia, logró lo inimaginable: montar un negocio exitoso, llevar adelante una vida por fuera de los estándares, comenzar una relación sentimental con una persona especial, etc. No hace falta poner ejemplos famosos y trillados; basta con mirar a nuestro alrededor para encontrar muchísima gente cuya audacia la llevó al lugar de privilegio en que se encuentra hoy.
 
Ningún logro puede conseguirse si nos quedamos cruzados de brazos, si no enfrentamos nuestras inseguridades y nos proponemos con firmeza vencerlas. ¿Sos tímido/a? Buscá la manera de hablar en público, de exponerte de algún modo. ¿Necesitás más dinero? Analizá qué tenés para ofrecer que otros valoren y necesiten… y ofrecelo. ¿Tenés miedo al rechazo? Tratar de agradarle a todo el mundo es una batalla perdida antes de comenzara a pelear.
 
Por eso, propongámonos todos los días ser un poco más sinceros con nosotros mismos. No posterguemos nuestros sueños y anhelos y tengamos el valor de hacer lo que haga falta para cumplirlos. Ser audaces no nos garantiza el éxito en todo lo que hagamos, pero sí nos garantiza la tranquilidad de haberlo intentado.