Archivo de febrero 2013

Emprendedores de Papel


Vivimos en una época en la que, por distintas razones, mucha gente sueña con dejar su empleo e iniciar su propia aventura emprendedora. Muchos lo hacen, con distintos grados de éxito, mientras que otros no logran quebrar ese miedo a lanzarse al vacío en busca de ese proyecto y ese tipo de vida que anhelan.
 
Razones para que esto ocurra hay miles, pero a medida que hablo con gente que tiene dentro la “llama emprendedora” pero no se anima a avivarla, me doy cuenta que una de las principales razones por las que muchas personas no emprenden está vinculada a los modelos de éxito que actualmente nos muestra la sociedad. Vemos jóvenes “empresarios” que desarrollan un producto sin precedentes en nuestro mercado, nos muestran triunfadores que trabajan de jean y zapatillas y parecen llevar una vida mucho más tranquila que la nuestra y nos preguntamos cómo podríamos nosotros, que sólo contamos con un puñado de habilidades y buenas intenciones, parecernos a semejantes “adelantados”. Bueno, me gustaría desmitificar un poquito este tema; quizás sirva para romper algunos paradigmas.
 
Durante el último año, tuve la suerte de vincularme con varios “emprendedores exitosos”, esos modelos a quienes todos querríamos parecernos. Pude charlar con ellos, conocer un poco más acerca de sus proyectos y aprender algunas lecciones muy valiosas. Sin embargo, para mi sorpresa, muchos resultaron ser lo que me gusta definir como Emprendedores de Papel. ¿Quiénes son estos pintorescos personajes?
 
Se trata de jóvenes (algunos ya no tan jóvenes) que se mueven en una especie de cofradía informal denominada “ecosistema emprendedor”. Es gente que tiene muchas ideas y en algunos casos llegan a plasmarlas en negocios concretos, pero que por sobre todas las cosas, venden una imagen. Y lamentablemente, esa imagen no siempre representa fielmente la realidad de sus proyectos, y eso es precisamente lo que desalienta a mucha gente a comenzar sus propios negocios.
 
Estos Emprendedores de Papel, generalmente, buscan ideas disruptivas, que tengan algún grado de innovación y denostan a aquellos proyectos que ofrezcan algo que ya existe, sin importar si ese proyecto logra uno de sus objetivos más básicos: proveerle sustento económico al emprendedor que lo lleva a cabo. Se aplauden entre ellos, se felicitan mutuamente y adoran a los mismos ídolos (Steve Jobs, el dios supremo). Nada tiene de malo todo esto, si no fuera porque en muchos casos sus proyectos dependen frágilmente de circunstancias que escapan por completo a su control… dependen para prosperar de que los planetas se alineen en el momento justo. Y no solo eso: sus proyectos no generan ingresos, no pueden vivir a través de su trabajo. Si quien emprende lo hace por amor al arte y no necesita que su trabajo le provea un ingreso periódico, excelente por él o ella, pero no creo que generar pérdidas sea la esencia de una aventura empresarial, al menos en un sistema Capitalista.
 
Lo que ocurre, entonces, es que cuando uno no está dentro de este “ecosistema emprendedor” y ve la situación desde afuera, puede llegar a confundirse y creer que no tiene nada valioso para ofrecer. “¿Cómo me voy a poner a cocinar tortas en casa y venderlas ‘a pulmón’? ¡Mirá lo que hace esta otra gente!”, se dicen algunos a sí mismos, y cajonean su sueño de hacer de su pasión por la pastelería un medio de vida, por poner un simple ejemplo.
 
Por eso, me gustaría que más gente se anime a ir por su propio proyecto personal y no confunda proyectos que son muy valiosos desde el punto de vista de la innovación con proyectos sustentables en el largo plazo. Algunos de los proyectos de los Emprendedores de Papel tendrán éxito, y está bueno que así ocurra porque seguramente nos ofrecerán alguna nueva solución a nuestras necesidades, pero estén seguros de que no es la única forma de emprender y mejorar nuestra propia vida.
 
¿Te gustó? ¿Te sirvió? ¡Compartilo!
 

 

 

Cómo Funciona El Coaching

Compartimos una breve animación sobre cómo funciona el Coaching. Un video claro y simpático sobre un proceso que puede tener efectos muy importantes sobre la vida de las personas:
 


 
¿Te gustó? ¿Te sirvió? ¡Compartilo!
 

 

 

Macroeconomía y Autoliderazgo


Una de las primeras materias con las que me recibió la Facultad de Ciencias Económicas fue Macroeconomía. Y de todos los conceptos que aprendí durante los cuatro meses que duró la cursada, uno de los que más me quedó grabado fue la denominada Frontera de Posibilidades de Producción (FPP). Esta refleja las cantidades máximas de bienes y servicios que una sociedad es capaz de producir en un determinado período, a partir de unos factores de producción y unos conocimientos tecnológicos dados. En otras palabras, nos dice dónde está el límite de una sociedad para producir determinados bienes o servicios. En función de este límite, entonces, se pueden dar tres situaciones en la estructura productiva:
 

  • Estructura productiva ineficiente: Cuando se encuentra por debajo de la FPP, es decir, no se utilizan todos los recursos o bien la tecnología no es la adecuada (recursos ociosos o tecnología mejorable).
  • Estructura productiva eficiente: Se sitúa frente la frontera o muy cercana a ella. No hay recursos ociosos y se está utilizando la mejor tecnología.
  • Estructura productiva inalcanzable: Se encuentra por encima de las posibilidades de producción.

 
Muy interesante pero… ¿qué tiene que ver esto con el Autoliderazgo? Yo creo que mucho.
 
Hace poco tiempo leí una frase que me impactó muy positivamente, que dice: “Cuanto más nos forzamos a trabajar al límite de nuestras capacidades, tanto más se expandirán”. Es algo así como ampliar nuestra FPP: si me fuerzo sistemáticamente a hacer aquellas cosas que me generan un desafío, que se encuentran por encima del límite de lo que me siento capaz de hacer, ese nuevo lugar en el que estaré trabajando va a pasar a ser mi nuevo estándar, va a pasar a ser “lo normal”. Y grandes cosas suceden en nuestra vida cuando superamos en forma permanente el límite de lo que para nosotros era lo normal.
 
Ahora, al igual que en la Macroeconomía, estos cambios son más fáciles de decir que de hacer. No hay ninguna duda de eso; ingenuo sería negarlo. Pero creo que en ambos casos la solución es la misma: invertir.
 
Si quiero producir más bienes en una sociedad, tendré que invertir para no tener recursos ociosos o para mejorar la tecnología. Estos eran los dos limitantes que nos situaban en una estructura productiva ineficiente. Y en nuestra vida ocurre lo mismo: para actuar con mayor eficiencia, tendré que invertir en expandir mis límites. Tendré que invertir tiempo, esfuerzo, disciplina y, sobre todo, tendré que invertir valor. ¿Por qué?
 

  • Tendré que invertir tiempo porque ningún cambio llega solo. Es normal sentir incomodidad al hacer las cosas de un modo distinto al que estábamos habituados. Pero si no cambio mis formas, ¿cómo voy a obtener resultados distintos? Einstein decía que uno no puede esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Creo que tenía razón. Y todo cambio lleva por lo menos 30 días en transformarse en un nuevo hábito. Así que tiempo es lo primero que deberemos invertir.
  • También tendremos que destinar esfuerzo a nuestra causa. Combatir la incomodidad de lo nuevo es demandante, requiere que nos adaptemos y todos nos sentimos cómodos en nuestra zona de confort. Para dejarla, una cuota de esfuerzo es innegociable.
  • Disciplina. Disciplina es estar dispuesto a renunciar a un placer de corto plazo a cambio de una satisfacción a largo plazo. Quien es esclavo de sus impulsos, seguramente no logre superarse.
  • Y finalmente, aunque no por eso menos importante, tendremos que invertir valor. ¿Qué otro atributo puede ser más importante para forzarse a sí mismo a hacer aquello que le resulta incómodo y difícil?

 
Entonces, si queremos superarnos y hacer de este año 2013 un año memorable, un año de éxitos, la Macroeconomía tiene algo para enseñarnos. No sé si es el único camino, pero estoy convencido que cuando uno hace cosas buenas por sí mismo, otras cosas buenas comienzan a suceder como por arte de magia.
 
El lograrlo está en uno. Solo demanda una pequeña inversión de cuatro elementos: tiempo, esfuerzo, disciplina y valor. Estén seguros de que el precio siempre será menor que el arrepentimiento de no haberlo intentado.
 
¿Te gustó? ¿Te sirvió? ¡Compartilo!