Cambios Duraderos & Gamification

Podemos valernos de un sinfín de herramientas con el objetivo de generar un cambio de hábitos en nuestros clientes y colaboradores. Una de las más utilizadas, si no “la más” utilizada, son las Recompensas. En el ámbito laboral muchas veces se las relaciona únicamente con la retribución económica que, claro está, colaborará con el aumento de la motivación en el corto plazo. Sin embargo, los efectos rara vez son duraderos y, transcurrido un breve período, no sólo el incentivo monetario deja de ser motivador, sino que aquella conducta que se pretendía modificar regresa invariablemente a su estado anterior.
 
Quienes trabajamos diseñando soluciones lúdicas que generen cambios duraderos en los hábitos de las personas (disciplina llamada Gamification, si no han leído nuestros anteriores artículos) somos conscientes del efímero efecto de una recompensa y para contrarrestarlo nos valemos de la llamada Teoría de la Autodeterminación. Con ella buscamos influir sobre aquellas motivaciones que yacen detrás de las decisiones tomadas diariamente por las personas, con independencia del uso de un agente externo, como el dinero u otro tipo de elemento. Es así que comprendiendo qué mueve a la gente a actuar por sí misma, podremos crear soluciones de mayor impacto.
 
Según la Teoría de la Autodeterminación, las personas nos movemos en un continuo de tres estadíos: o bien estamos Desmotivados, o bien estamos Extrínsecamente Motivados (gracias a algún agente externo) o bien estamos Intrínsecamente Motivados. Es en este último estadío en el que los cambios de conducta se producen con mayor facilidad y por mayor tiempo.
 
¿Cómo podemos, entonces, diseñar dinámicas Intrínsecamente Motivadoras? La respuesta no es fácil, pero es simple: nuestras creaciones deberían articularse sobre alguno de los siguientes elementos:
 

Competencia

Con este concepto no hacemos referencia a “competir” sino a “ser competente”. Las personas solemos sentirnos psicológicamente atraídas hacia la resolución de problemas complejos y hacia la sensación de competencia y capacidad que se desprende de tener éxito en este ámbito. Esto repercute en nuestro cuerpo, incluso, a un nivel químico, como explicamos en el artículo “Trabajo Químicamente Motivador”. Toda actividad que incremente nuestra sensación de competencia será, entonces, bien recibida por nuestros colaboradores o nuestros clientes.
 

Autonomía

En la misma línea que la Competencia, la Autonomía nos permite sentirnos en control de lo que hacemos, de nuestros avances y progresos. Deseamos ser nosotros mismos quienes tomemos las decisiones más significativas de nuestras vidas, tanto a nivel personal como profesional. Una solución lúdica que establezca ciertos niveles de autonomía en los jugadores tendrá buenas razones para aspirar a generar un impacto positivo sobre estos.
 

Vinculación con algo mayor

Particularmente notorio en las generaciones más jóvenes pero atribuible a todo ser humano, resulta de vital importancia sentir que nuestro trabajo se vincula con una causa más grande que nosotros mismos. “A través de mi trabajo, ayudo a que la gente se comunique mejor”, lo explicaría un vendedor de teléfonos celulares. Necesitamos sentir que nuestro aporte genera un impacto en la vida de los demás. Alcanzar esta profunda necesidad humana con nuestras soluciones nos ayudará, sin lugar a dudas, a aumentar su efectividad.
 
De este modo, gracias a la Teoría de la Autodeterminación, estamos en condiciones de desarrollar soluciones innovadoras y que tengan en cuenta las reales motivaciones de las personas, para lograr un impacto más duradero y un mayor retorno sobre nuestros esfuerzos y nuestra inversión.
 
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