Miscelaneos

Cuando La Vida Nos Avisa

El domingo pasado salí a almorzar al barrio de Villa Urquiza. Me gusta comer afuera los domingos, aunque es un gusto que rara vez me doy. La elección de turno fue una linda parrilla, bien familiar, de esas que funcionan siempre a tope, de las que no conocen de crisis, recesión o conceptos parecidos. Bien ganado lo tienen porque te atienden muy bien y te alimentan aún mejor.
 
El local estaba repleto, lleno de gente charlando sobre los temas más variados. Detrás de mi mesa, una familia discutía acaloradamente sobre el partido político dominante en Escocia. Sin dudas, un tópico infrecuente por estas latitudes, pero esa diversidad temática forma parte del encanto de los encuentros familiares.
 
Todo transcurría con normalidad hasta que, súbitamente, la conversación se apagó y sentí movimientos detrás de mí, lo que me tentó a darme vuelta para ver qué había ocurrido. Los integrantes de la mesa “escocesa” se habían acercado a la cabecera y hablaban a quien parecía ser el abuelo, un señor muy mayor que estaba blanco como un papel y que tenía el mentón pegado al pecho. Había sufrido algún tipo de descompensación y no reaccionaba.
 
Rápidamente ofrecí llamar al 911 pero no aceptaron mi oferta, respondiéndome que uno de ellos era médico. Y se notaba que así era porque, con una calma que contrastaba con el ritmo de la conversación política que precedió, acostaron al abuelo, levantaron sus piernas y su cabeza y en pocos minutos el señor recobró el conocimiento.
 
Fue inevitable que todos los comensales viráramos nuestra conversación a temas como “la importancia de tener conocimientos sobre primeros auxilios”, “la calma que habían demostrado los familiares”, “la pericia del médico de la familia”. ¡Estábamos en presencia de un héroe!
 
Pero algo llamó mi atención: en cuanto el abuelo se recuperó y pudieron volverlo a sentar, la familia se reacomodó en sus lugares y continuó con su charla política, mientras degustaban exuberantes cantidades de achuras, cortes de carne y papas fritas provenzal. “¿No se lo van a llevar?” le pregunté a mi esposa. No me correspondía a mí opinar ni juzgar; era evidente que ellos sabían muy bien lo que hacían.
 
Sin embargo, no habían pasado quince minutos cuando la escena se repitió, sólo que esta vez acompañada de espuma saliendo de la boca del abuelo. Procedieron de igual manera y, aunque esta vez con mayor dificultad, volvieron a conseguir que recobre el conocimiento. Cuando todo había pasado, esta vez sí decidieron retirarse del restaurant.
 
Esta incómoda situación, que inevitablemente tiñó mi almuerzo dominguero, me hizo reflexionar sobre cuántas veces la vida nos da avisos y nosotros optamos por mirar hacia otro lado. No sólo en relación a cuestiones de salud, sino en lo referente a nuestras relaciones personales o a los desafíos profesionales que enfrentamos, nos la pasamos recibiendo anuncios, llamados de atención que muchas veces desatentemos.
 
A veces por tener la cabeza en mil lugares al mismo tiempo, a veces por distracción, a veces por soberbia y otras, por qué no reconócelo, por miedo, ignoramos los mensajes que la vida nos envía. Los tomamos como sucesos aislados, como “simples coincidencias” y no como señales concretas de que necesitamos tomar decisiones y actuar con arreglo a ellas.
 
Mi almuerzo del domingo me recordó que eventualmente todos hemos caído en esta trampa. Y aunque esta vez le sucedió “al vecino” de la mesa de al lado, podría haberme pasado (o estar pasándome) a mí. O a alguno de ustedes.
 
Por eso, me gustaría invitarlos a que estén atentos a los pequeños mensajes que reciben todos los días. Tal vez muchos de ellos no sean la diferencia entre la vida o la muerte, como le ocurrió a este señor, pero algunas de las decisiones que tomemos, cuando lo hagamos, pueden representar un punto de inflexión, el comienzo de algo grande. Lo importante es estar despiertos, prestar atención porque la vida, indefectiblemente, nos avisa.
 
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¡Felices Fiestas!

¡Felices Fiestas!

¡Felicidades!

¡Felicidades!

 
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Encuesta sobre Actividades Abiertas de Capacitación

 


 

Búsqueda de Personal Comprometido

Así se encuentra personal comprometido con nuestra causa. Gentileza de Ernest Shackleton, un verdadero coloso del Liderazgo.
 

Aviso publicado por Ernest Shackleton.

Aviso publicado por Ernest Shackleton.


 
“Se necesitan hombres para viaje peligroso. Bajo sueldo, frío tremendo, largos meses de total oscuridad, peligro constante, retorno dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.
 
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¡El éxito no siempre es lo que se ve!


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Ego


 
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Generación Y, según Beldent

Nos fascina la forma en que Beldent trabaja su comunicación usando el tema de la Diversidad Generacional y la percepción que, aunque exagerada, se tiene de la Generación Y. Un aplauso para su equipo creativo.
 

 
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¿Se Puede Construir Carisma?

La respuesta a esta cuestión, crucial (aún a un nivel íntimo) para muchas personas, es un terminante . Ya develamos el misterio sembrado en el título de este artículo así que si esto era todo lo que querías saber, podés ahorrarte los próximos 2 minutos y seguir navegando algún otro sitio web. No obstante, si te interesa conocer los razonamientos que sustentan esta afirmación, seguí leyendo…
 
Según comenta Olivia Fox Cabane en su excelente obra The Charisma Myth (El Mito del Carisma), el carisma no es otra cosa que la manifestación de comportamientos no verbales específicos. Concretamente, cuando conocemos a una nueva persona, en cuestión de segundos buscamos consciente o inconscientemente signos que nos indiquen si tiene:
 

  • Poder (poder de ayudarnos, de hundirnos, de darnos trabajo, de lastimarnos…)
  • Calidez (si nos acepta personalmente)


Y en función de esto, identificaremos como carismática a aquella persona cuya imagen y cuya presencia proyecten altos valores de poder y aceptación hacia nosotros. Por lo tanto, si sabemos que estos dos atributos, así como también la Presencia, son los que determinan qué tan carismáticos nos ven los demás, bastaría con perfeccionarse en los mismos para construir carisma en torno a nuestra imagen.
 
Más fácil de decir que de hacer, The Charisma Myth provee herramientas y técnicas útiles para incrementar nuestro Poder, nuestra Calidez y nuestra Presencia, partiendo del modo en que debemos escuchar, hasta la forma en que debemos presentarnos, pasando por cómo manejarnos carismáticamente en situaciones difíciles.
 
Se trata de una obra simple y clara pero, en algún punto, también reveladora. Como cuando analiza la contracara del carisma, esto es, los efectos negativos que desarrollar esta habilidad puede generar en los demás. Sin dudas, un libro muy recomendable para quienes estén atravesando un proceso de desarrollo personal.
 
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Si Querés Cumplirlo, Escribilo


Existen muchas técnicas que podemos implementar para incrementar nuestra productividad y administrar más eficientemente nuestro tiempo en épocas en las que no contar con este recursos suele ser la regla. Algunas son más simples y otras más profundas, pero pocas nos comprometen tanto con el cumplimiento de un objetivo como el simple y milenario hecho de escribirlo. Dice Robin Sharma: “Las cosas que se agendan, son las cosas que se hacen”. Sí, algo tan simple como escribir un objetivo, anotarlo, dispara de un modo insospechado nuestro nivel de compromiso con su cumplimiento.
 
Podemos valernos de papel y lápiz o de cualquier dispositivo electrónico que usemos con regularidad (smartphone, tablet, notebook, etc). El verdadero valor está en anotarlo en algún lugar al que regresemos con frecuencia, y en generar el hábito de hacerlo.
 
¿Por qué algo tan simple puede tener implicancias tan positivas sobre nuestra productividad? Compartimos algunas de las razones que dan sustento a esta recomendación:
 

  • Apuntar una tarea le otorga inmediatamente un status mayor que el de cualquier otro pensamiento que se cruce por nuestra mente.
  • Registrar una tarea nos ayuda a no olvidarla en medio del bombardeo de información al que estamos expuestos diariamente.
  • El saber que una tarea se encuentra asentada en un lugar confiable y fácilmente identificable (nuestra libreta preferida, nuestro Outlook, etc.) libera nuestra mente de la preocupación de saber que “teníamos algo que hacer” pero no recordar de qué se trataba.
  • Pocas cosas motivan más que tachar una tarea de una lista de pendientes, sabiendo que fue tratada con diligencia.

 
¿Básico? ¿Obvio? Invito al incrédulo a probarlo, pero a probarlo en serio, con compromiso. Anotemos todas las cosas que queremos lograr durante esta semana en un lugar confiable, que no olvidemos. Les aseguro que los resultados los van a sorprender.
 
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Cómo Funciona El Coaching

Compartimos una breve animación sobre cómo funciona el Coaching. Un video claro y simpático sobre un proceso que puede tener efectos muy importantes sobre la vida de las personas:
 


 
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Liderazgo Motivador

¿Tu equipo necesita Motivación? Nada mejor que arrancar este año 2013 con todas las pilas… por eso compartimos un breve video sobre cómo motivar a nuestro equipo de colaboradores, especialmente si nos dedicamos a tareas fuertemente orientadas a resultados.
 
ADVERTENCIA: el video contiene un vocabulario fuerte.
 


 
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¡Felicidades!


 

 

 

El Poder De Los Buenos Hábitos

¡Mañana empiezo la dieta!
(Y al final no pude contener las ganas de comerme esa humeante porción de pizza cuando pasé por la puerta de Las Cuartetas)

¡Quedate tranquila, Má! En Diciembre me pongo las pilas y apruebo todas las materias…
(Y el chico pasó de año con lo justo durante los primeros días de Marzo)

¡Yo tengo códigos, viejo! Cuando me case corto inmediatamente con este descontrol… después del casorio no da.
(Y a poco de volver de la luna de miel acariciaba con nostalgia el parche, el garfio y la pata de palo…)

 
Es gracioso como, de un modo u otro, todos estamos familiarizados con situaciones como estas. Quizás porque las vivimos en primera persona, quizás porque tenemos algún conocido a quien le escuchamos decir cosas similares.
 
Lo cierto es que, sin entrar a hacer juicios de valor sobre estos ejemplos, todos tienen un origen común: los hábitos. En todos los casos el protagonista cree que con su voluntad es suficiente para abandonar una conducta y pasar tener otra en forma casi instantánea… pero lo cierto es que todo hábito (virtuoso o vicioso) es muy difícil de quebrar.
 
Es por esta razón que, dado que es inevitable que los seres humanos nos formemos hábitos en nuestro diario vivir, al tener la posibilidad de elegir es mejor inclinarnos por los buenos hábitos. Lo que es bueno y lo que es malo depende de cada persona, no está en nosotros juzgarlo. Incluso los ejemplos anteriores podrían leerse como expresiones de buenos hábitos, dependiendo de cuáles sean nuestras prioridades y nuestros modelos mentales. Por lo tanto, un hábito no es bueno o malo per sé, sino que dependerá de si está alineado o no con nuestra escala de valores y de si nos conduce o no hacia los objetivos que nos planteemos.
 
Entonces, si asumimos que nos conviene tener buenos hábitos… ¿cómo debería hacer para formarme uno? La mejor forma que conozco de hacerlo es a través de la repetición voluntaria y permanente de pequeñas acciones e ir incrementando la exigencia hasta llegar al nivel que quiero alcanzar. Si, por ejemplo, deseo comenzar a levantarme a las 5:00 AM, sería suicida comenzar a poner todos los días el despertador a esa hora y pretender no sufrir consecuencias devastadoras sobre mi estado de ánimo y mi energía física. Lo aconsejable sería comenzar con un período incremental de exigencia hasta alcanzar esa meta. Así podría comenzar levantándome a las 7:00 AM durante una semana. Levantarme media hora más temprano (a las 6:30 AM) durante la siguiente semana y así sucesivamente hasta alcanzar mi meta. Quizás parezca difícil, pero de un paso por vez se hace bastante llevadero.
 
Una aclaración importante: está comprobado que incorporar un nuevo hábito, sea cual sea su naturaleza, toma entre 30 y 40 días de práctica permanente. Tener traspiés o sentir cierto malestar durante los primeros días no es para preocuparse… de hecho, es absolutamente normal. Lo importante es seguir en la línea que elegimos para lograr vencer esa resistencia inicial y convertir el nuevo hábito en una parte esencial de nuestra conducta.
 
Ahora bien, a pesar de todo… ¿por qué debería incorporar buenos hábitos a mi vida? El escéptico se preguntará si es realmente tan determinante. Y la respuesta es un rotundo sí. La mayor diferencia entre las personas que tienen éxito y las que fracasan son sus hábitos. No importa qué sea tener éxito para cada uno: para algunos será tener un estado físico excelente, para otros será formar una familia, para otros será lograr un determinado reconocimiento social o ganar mucho dinero… hay tantas definiciones de éxito como personas en esta Tierra. Pero lo que es seguro es que aquellos que lograron cumplir sus deseos no lo hicieron por obra de la suerte o de simples coincidencias. Alcanzaron el éxito como consecuencia de acciones permanentes y dirigidas a ese objetivo que se propusieron. Es decir, alcanzaron el éxito gracias a sus buenos hábitos.
 
Por eso propongámonos instaurar buenos hábitos en nuestra vida. Les aseguro que el precio que paguemos por adoptarlos será siempre mucho menor que el arrepentimiento de no haberlo intentado.
 
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Ese Pequeño Sobresfuerzo

A veces nos preguntamos cómo hay gente que consigue en su vida cosas que a nosotros mismos nos gustaría conseguir pero no sabemos cómo. O creemos que otros tienen más suerte porque atravesaron menos obstáculos que nosotros… “La tuvieron más fácil”, “Papá le debió pagar el posgrado en el exterior”, “Sentado en esa billetera yo también monto una empresa como esa”, “Seguro que no tiene que llevar todos los días a sus chicos al colegio”, decimos.
 
Lo cierto es que, si bien algunas personas transitan un camino menos accidentado para alcanzar el éxito en sus profesiones y en su vida, todos podemos lograr aquello que nos proponemos si hacemos un pequeño sobresfuerzo. Es cierto lo que reza la vieja máxima: “Cualquiera puede llegar a la cima, aunque ayuda mucho haber nacido alto”.
 
Pero lo que el contexto no da, puede ser compensado por nuestras acciones concretas y nuestra actitud para enfrentar los obstáculos.
 
Podemos lograr casi cualquier cosa que nos propongamos si ponemos en ello el esfuerzo necesario. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, no se trata de hacer sacrificios sobrehumanos sino que el secreto está en dar pequeños pasos hacia nuestro objetivo, sin prisa pero sin pausa. La naturaleza nos da un ejemplo muy concreto con la lluvia y el viento que, gradual e ininterrumpidamente erosionan una roca. De manera análoga podemos nosotros erosionar los obstáculos que nos separan de aquello que deseamos conseguir.
 
La pregunta que surge naturalmente al plantear esta cuestión es por qué, si es tan sencillo avanzar hacia nuestros objetivos, no hay más gente que lo hace. Y la respuesta es tan sencilla como la metodología propuesta: porque esta forma de actuar tiene un precio que no todos están dispuestos a pagar: la disciplina. Dar pequeños pasos demanda paciencia, constancia en nuestras acciones y confianza en que los grandes resultados solo pueden ser alcanzados a largo plazo, como consecuencia de nuestro permanente y hasta obsesivo foco en el objetivo. Si no estamos dispuestos a pagar el precio de ser disciplinados, difícilmente podamos cumplir nuestros sueños. Pero por el contrario, si aceptamos a la disciplina como condición sine qua non de todo gran triunfo, estén seguros de que los resultados superarán holgadamente todas sus expectativas.
 
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