Negocios & Start-ups

Gamification, de lo Novedoso a lo Imprescindible

Poco a poco, el concepto de Gamification va haciéndose lugar en el mundo de los negocios. Lo que comenzó tímidamente teniendo una aplicación casi exclusiva al Marketing y al vínculo entre las empresas y sus clientes, hoy gana terreno de cara a la relación de todo tipo de organizaciones con sus colaboradores. ¿Por qué?
 
Ya no nos sorprende que las organizaciones manifiesten percibir un vacío de pertenencia y compromiso entre los miembros de sus equipos, producto de las nuevas características culturales e intereses de los mismos. ¿Cómo podemos contrarrestarlo? La evidencia parece demostrar que pocas cosas han dado tan buenos resultados como la “ludificación” del trabajo cotidiano… en otras palabras: el hacer que el trabajo de todos los días sea percibido como un juego.
 
Esto no quiere decir desarmar nuestros procesos y transformarlos en una actividad recreativa. De hacerlo, las organizaciones no podrían cumplir sus objetivos. Pero si agregamos a nuestros procesos habituales una mínima capa lúdica, que permita a nuestra gente elevar su status e imagen pública, competir y colaborar, y obtener recompensas valiosas no solo desde el punto de vista material, sino también desde el emocional, contaremos con una herramienta distintiva a la hora de motivar, desarrollar y retener a nuestros mejores talentos.
 
Engament
Jugar puede parecer cosa de chicos y adolescentes pero distintos estudios demuestran lo contrario: por ejemplo, según la Entertainment Software Association la edad promedio del “gamer” es de 30 años, y un 45% de los ellos son mujeres. Esto plantea un campo sumamente fértil para la aplicación de Gamification dentro de nuestras organizaciones.
 
Con esta nueva realidad entre nosotros lanzamos Engament, un método de fidelización de nuestra gente sustentado en un recurso ancestral y universalmente apreciado: la diversión. No estamos reinventando la rueda. De hecho, ya lo dijo Mary Poppins en el año 1964:
 
“En todo trabajo que debe ser realizado, hay un componente de diversión. Encuentra esa diversión y… ¡el trabajo es un juego!”
 
Si querés saber más sobre nuestros Workshops y nuestra plataforma online de Gamification, visitá nuestro sitio web: engament.com, o contactanos vía telefónica para que acordar una reunión personal. Te esperamos. Tenemos mucho en común.
 
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Hazañas vs. Éxito

 
Las hazañas no son buenas para el éxito.
 

 
La frase que abre este post tiene como autor a Agustín Pichot, excapitán de los Pumas (seleccionado argentino de rugby) y gran referente de liderazgo en el ámbito deportivo.
 
Desde mi punto de vista, esas ocho palabras resumen el secreto para tener éxito en cualquier ámbito de la vida. Generalmente, muchas personas tienen la bienintencionada pero equivocada tendencia a poner todos sus esfuerzos en concretar un gran acierto con la ilusión de que dicho logro sea el empujón definitivo que su vida necesita para despegar hacia el cumplimiento de sus sueños y objetivos. ¿Cuántas veces nos “inmolamos” por un proyecto “crucial” que finalmente no demuestra consecuencias alineadas con nuestras optimistas expectativas?
 
Pero precisamente lo que nos dice Pichot demuestra que para alcanzar el éxito en cualquier ámbito de nuestras vidas, lo que necesitamos no son grandes hazañas, sino pequeños aciertos repetidos, que nos permitan edificar ese éxito sobre bases sólidas. Pensemos en lo que significa, por ejemplo, graduarse en una carrera universitaria. Quien lo ha hecho sabe perfectamente que, con independencia de la facilidad o dificultad con la que haya atravesado sus años de estudio, una cualidad de la que no pudo prescindir fue la persistencia. Lo mismo ocurre en el plano sentimental. Las parejas que logran convivir felizmente durante muchos años lo consiguen, en parte, gracias a un sinfín de actos de paciencia y tolerancia que volverían aburrida a la mejor película del corazón. Y exactamente el mismo concepto aplica al ámbito de los negocios.
 
El éxito en el plano laboral no se consigue como resultado de un gran acierto o un “golpe de suerte”. La suerte se construye. Se construye dando siempre lo mejor de sí. Se construye equivocándose y aprendiendo de los errores para no repetirlos. Se construye siendo coherentes con los valores que pregonamos aún en los tiempos difíciles. Seguramente no podremos ver en forma inmediata los resultados de actuar de este modo y muchas veces seremos presas de la desesperación y el desánimo, pero estén seguro que si se mantienen firmes en construir pequeños triunfos día a día, como dice Robin Sharma: “Las pequeñas ondas diarias de excelencia, con el tiempo, se convierten en un tsunami de éxito”.
 
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Gestión del Desempeño: La Entrevista de Evaluación (Parte 2)

Una Entrevista mucho más productiva y enriquecedora…

Después de haber compartido un ejemplo de todo lo que debemos evitar a la hora de realizar la devolución del desempeño de nuestros colaboradores, queremos compartir con ustedes un caso de una Entrevista de Evaluación mucho más productiva y enriquecedora, la cual conducirá a otro tipo de resultados para ambas partes.
 
En este segundo ejemplo, Rodolfo demuestra una actitud de mayor apertura y respeto para con Sonia, su colaboradora. Plantea su punto de vista de un modo objetivo, da lugar al disenso y busca permanentemente construir un camino de mejora para el desarrollo de las competencias y el cumplimiento de los objetivos planteados.
 


 
Una entrevista de este tipo genera, sin lugar a dudas, un impacto mucho más positivo sobre nuestros colaboradores, sin por ello resignarnos a tener que pasar por alto aquellas cuestiones que consideramos que deben ser mejoradas.
 
Invitamos a todos a aplicar estos conceptos y, con ello, elevar nuestro propio desempeño como Líderes.
 
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Gestión del Desempeño: La Entrevista de Evaluación (Parte 1)

Lo Que No Tenemos Que Hacer…

Con este breve video nos gustaría compartir un ejemplo de todo lo que deberíamos evitar a la hora de realizar una Entrevista de Evaluación, como parte de un proceso de Gestión del Desempeño.
 
Podrán ver cómo el Rodolfo, el “líder” de este equipo, lleva a la práctica la más variada colección de errores en los que podemos incurrir al momento de evaluar y dar feedback a un colaborador: desde minimizar la importancia del proceso de Evaluación y no tomarlo con seriedad, hasta manipular los resultados para no llamar la atención de Recursos Humanos, pasando por interrupciones permanentes y otras faltas de respeto.
 
Deseamos que este ejemplo, un tanto exagerado pero súmamente gráfico, les resulte de utilidad a la hora de preparar sus próximas Entrevistas de Evaluación. Y los invitamos a regresar en unos días, para analizar una entrevista mucho más positiva y enriquecedora para ambas partes.
 


 
Agradecemos especialmente la destacada participación actoral de Sonia Tavarozzi, quien nos honró una vez más con su generosidad, y la excelente tarea de Dirección, Producción y Posproducción llevada a cabo por quien ya es un amigo de la casa, Enrique Calot.
 
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Gestión Del Desempeño: La Verdad Está “En El Medio”

La Gestión del Desempeño es, tal vez, el tema que más ha ocupado la atención en mi vida profesional dedicada a los Recursos Humanos. Y cuanto más profundizo en él, más me convenzo que es el “alma” de toda organización exitosa.
 
Lo que digo no busca desmerecer a otros recursos del mundo empresario. Por el contrario, todos cumplen un rol importante, en la medida que se los utilice con profesionalismo y sensatez.
 
Pero lo que quiero significar es que el buen desempeño de las personas es la clave más importante de todo emprendimiento humano.
 
Las organizaciones definen estrategias, esas estrategias devienen en objetivos y esos objetivos se logran sólo por la acción humana que, aplicando sus talentos individuales y colectivos, transforman la realidad.
 
Ahora bien, tomando en cuenta estas premisas y yendo a la realidad del día a día, observo que de las tres partes de la Gestión del Desempeño: a) fijación de expectativas (sobre resultados y competencias) b) los 365 días del año y c) la evaluación (incluida la entrevista de fin del período), los líderes en mayor o menor medida “cumplen” con la a) y la c) y en general aplican pocas energías en la del “medio”… la b). Y es por eso que los resultados no alcanzan en general el nivel que podrían haber alcanzado…
 
Fijar expectativas claras está muy bien, y así debe ser; evaluar y hacer una devolución a los evaluados está muy bien también, pero ¿Qué pasa durante los 365 días? En general trabajamos a todo vapor, no tenemos tiempo que perder ni tiempo para conversar… Y allí está la gran “trampa”.
 
Toda persona que trabaja necesita, durante ese período anual, recibir un feedback constante que le permita ver cómo va transitando su camino, necesita ejercer su reflexión para superar los obstáculos y ganar confianza, necesita ser asistida tan pronto como su rumbo empieza a desviarse, necesita ser alentada…
 
Y todo eso necesita de los líderes una clara conciencia de su rol, una alta vocación de servicio, una inversión de tiempo y una alta competencia (feedback y resolución de problemas entre otros) Todos esos principios, conceptos y habilidades conforman los que genéricamente llamamos “El coaching para el desempeño”. Su ejercicio, cuando se hace “carne” en quienes tienen por función obtener resultados a través de otros, hace que los resultados extraordinarios (lo máximo que una persona o equipo pueden dar) se conviertan en algo normal y habitual.
 
Es de esta manera como se logra dar prestigio a la Gestión del Desempeño como proceso que apunta efectivamente a los resultados y al desarrollo de las personas sacando de las mismas toda su potencialidad, en lugar de convertirla en algo muchas veces mecánico y no exenta de conflictividad y descrédito.
 
Como casi todo en la vida, la verdad está en el medio
 
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El Significado Del Trabajo

Compartimos esta excelente charla TED de Dan Ariely sobre cuán importante es encontrar significado en nuestro trabajo. La misma fue realizada en Octubre de 2012 en TEDx Río de La Plata. ¡Esperamos que la disfruten!
 
¡RECUERDEN ACTIVAR LOS SUBTITULOS EN ESPAÑOL!
 


 
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Ampliando El Umbral De La Frustración

Sin lugar a dudas, una de las competencias más importantes que puede tener toda persona en su camino al éxito es la tolerancia a la frustración. Su importancia, incluso, crece exponencialmente cuando nos referimos a quienes llevan adelante su propio proyecto emprendedor. Es esta capacidad de resistir la infinidad de contratiempos que aparecen en nuestro camino lo que, en muchos casos, termina separando a aquellos que triunfaron de quienes quedaron por el camino.
 
Sin embargo, la frustración suele enfrentarse desde un enfoque netamente emocional lo que, a mi entender, conlleva un desgaste y un consumo de energía evitables. Cuando recibimos un “no” tras otro, la actitud más usual es la de hacer un breve luto, procurando que se extienda lo menos posible, y hacer uso urgente del inflador anímico para volver a intentarlo hasta que recibamos nuestro tan ansiado “sí”. Como dijera anteriormente, nada tiene esto de malo, pero hay una forma más efectiva que la emoción de ampliar nuestro umbral de la frustración: la razón.
 
Y para ello sale a nuestro auxilio lo que se conoce como la Ley de la Difusión de las Innovaciones. Consideramos que todo proyecto que encaremos será visto por los demás como una innovación, ya que aun cuando nuestra oferta adolezca de todo indicio de creatividad, nuestra aparición nos posiciona automáticamente como los “nuevos jugadores del mercado”, la nueva figurita que nadie conoce y de quien nadie tiene referencias. Pensemos en una nueva cafetería, entre las miles que hay en la ciudad, o para poner un ejemplo más cercano al tema que nos congrega: una nueva consultora en Recursos Humanos… sí, una más.
 
¿Por qué alguien debería contratarnos si no somos más que otro oferente dentro de un mercado superpoblado? ¿Porque somos distintos, mejores? ¿Porque somos serios y profesionales? Todo esto puede ser cierto, pero no más cierto que el hecho de que a nadie le consta, porque nadie nos conoce. Ante un escenario así… ¿quién podría no sentirse frustrado? Desde lo emocional, sería muy difícil no caer en ese sentimiento tan incómodo… pero desde el punto de vista de la razón, existe una explicación.
 
La Ley de la Difusión de las Innovaciones nos plantea que cuando cualquier sujeto toma conocimiento de una innovación, tiene la posibilidad de aceptarla o rechazarla. Pero que esto suceda, y acá es donde esta ley plantea su maravilloso aporte, no radica en la innovación en sí, sino en el sujeto. Es importante entonces distinguir entre los individuos que aceptan las innovaciones en los primeros instantes de su introducción (denominados “innovadores” o early adopters) y los que aceptan la innovación en las etapas posteriores (denominados “seguidores” o later adopters). Todos somos innovadores o seguidores, dependiendo del dominio al que nos refiramos. Una persona puede ser innovadora en lo que a indumentaria se refiere y seguidora en lo que hace a la adopción de nuevas tecnologías. De esta manera, podemos determinar que para cada dominio, la tendencia a aceptar las innovaciones se distribuye de la siguiente forma:
 
Diffusion of Innovations
 
Este gráfico nos explica que de entre todo el público que tenga acceso a nuestra innovación (léase, todo el público que tome conocimiento de nuestra existencia, en el caso de un nuevo emprendimiento), solamente el 2,5% se atreverá a probarnos sin tener una referencia de nuestros antecedentes… se animarán a probarnos sólo por el hecho de innovar. Pero repetimos que esto nada tiene que ver con nosotros, sino con ellos mismos. Innovar y probar cosas nuevas está mucho más vinculado a su impronta personal que a nuestra propuesta. Puesto en otros términos, estadísticamente menos de 3 potenciales clientes de cada 100 que visitemos se animarán a probarnos sin tener antes una mínima referencia de nuestros antecedentes. ¿A algún emprendedor le resulta familiar esta situación?
 
Una vez que los Innovadores nos prueben y nuestro servicio satisfaga sus expectativas, comenzará a circular tímidamente el rumor de que somos buenos en lo nuestro, y será en ese momento que el siguiente estrato de la población, ese 13,5% denominado Primeros Seguidores, nos darán su voto de confianza. Y solamente en la medida que logremos también satisfacer a este 13,5% de la población, podremos aspirar a lograr una aceptación masiva de nuestra idea o proyecto.
 
Por lo tanto, pretender a ser aceptados a gran escala sin haber sido previamente aceptados por el 16% del mercado que constituyen los Innovadores y los Primeros Seguidores, es algo así como querer aprender a correr sin haber antes aprendido a gatear y caminar.
 
Se dice que uno de los principales causantes de frustración es la incorrecta fijación de expectativas. Por lo tanto, si logramos entender el racional oculto detrás de la aceptación de toda innovación, lograremos plantearnos expectativas mucho más realistas y podremos, sin dudas, ampliar nuestra tolerancia a la frustración de un modo menos emocional y seguramente mucho más tranquilizador.
 
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Mi Jefe Tiene La Edad De Mi Hijo

Cuando hablamos de Diversidad Generacional, lo más frecuente es que los consultores llenemos hojas y pasemos horas hablando acerca de la Generación Y y los desafíos que trajo aparejada su irrupción en el ámbito laboral.
 
Sin embargo, limitar la “conversación” exclusivamente a lo que ocurre desde que este grupo se incorporó al mercado es, de alguna manera, dejar pasar la posibilidad de analizar otras situaciones que son una realidad en muchas organizaciones. Puntualmente, nos referimos al hecho de que, en no pocos casos, miembros de una de las generaciones “más nuevas” (X y, cada vez más, Y) se encuentran liderando equipos integrados por colaboradores cuyos hijos veían los mismos dibujitos animados que ellos.
 
Aunque a muchos les cueste reconocerlo públicamente, liderar a generaciones mayores puede llegar a ser algo realmente incómodo, sobre todo al principio. Sin embargo, la proliferación de emprendimientos y el ascenso meteórico de algunos jóvenes prometedores ha vuelto de esta circunstancia algo muy frecuente.
 
¿Cómo pueden hacer estos jóvenes líderes para conducir a un equipo con integrantes mucho más experimentados que ellos? Compartimos algunos consejos:
 

  • Respetar la experiencia e incorporarla: si uno desea ganarse el respeto de otra persona, debe ser el primero en mostrar respeto hacia el prójimo. Quienes se encuentren liderando a gente más experimentada deben comprender que es totalmente normal pedirles su ayuda u opinión. De hecho, es también algo muy apreciado. Pero no solo es importante pedir un punto de vista, sino también estar dispuesto a incorporarlo si consideramos que es la solución al asunto que estamos tratando de resolver.
  • No preocuparse por ser visto como un chico: para un Baby Boomer, aún el GenY más maduro será siempre un chico, así como para éste hasta el Baby Boomer con más onda será siempre un anciano (podemos excluir de esta lista a Mick Jagger y a Madonna… creo que a nadie más). Por lo tanto, no hay que tomárselo a pecho y comprender que en la mayoría de los casos, la intención del colaborador no es tratar a su jefe como un chico, sino mostrarle una situación que, de otra forma, aprendería a los golpes.
  • Demostrar que se puede aprender: el problema no es equivocarse. El problema es no querer demostrar que, cuando uno (inevitablemente) se equivoca, pudo capitalizar ese error para no cometerlo nuevamente.
  • No asumir que las cosas son siempre como uno las ve: así como hoy en día todos se están adaptando a la impronta de los jóvenes GenY, es razonable que cuando le toque estar “del otro lado del mostrador” y supervisar a alguien mayor, sea el joven Y (o X) quien deba comprender y adaptarse al estilo e impronta de sus colaboradores.
  • Sacar provecho: que no se malinterprete, no queremos decir “aprovecharse”, sino capitalizar sus virtudes y su experiencia en las situaciones en las que éstas pueden favorecer el cumplimiento de nuestros objetivos. Por lo general, la experiencia vende. A aquel joven líder que le toque supervisar a un vendedor mucho mayor que él, puede resultarle sumamente útil mantener un perfil bajo durante la firma de un contrato importante y dejar que “las canas” de su colaborador concreten el negocio.

 
Esperamos que estos tips les sirvan a todos aquellos que se enfrentan al desafío de conducir a gente de generaciones mayores.
 
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Si Querés Cumplirlo, Escribilo


Existen muchas técnicas que podemos implementar para incrementar nuestra productividad y administrar más eficientemente nuestro tiempo en épocas en las que no contar con este recursos suele ser la regla. Algunas son más simples y otras más profundas, pero pocas nos comprometen tanto con el cumplimiento de un objetivo como el simple y milenario hecho de escribirlo. Dice Robin Sharma: “Las cosas que se agendan, son las cosas que se hacen”. Sí, algo tan simple como escribir un objetivo, anotarlo, dispara de un modo insospechado nuestro nivel de compromiso con su cumplimiento.
 
Podemos valernos de papel y lápiz o de cualquier dispositivo electrónico que usemos con regularidad (smartphone, tablet, notebook, etc). El verdadero valor está en anotarlo en algún lugar al que regresemos con frecuencia, y en generar el hábito de hacerlo.
 
¿Por qué algo tan simple puede tener implicancias tan positivas sobre nuestra productividad? Compartimos algunas de las razones que dan sustento a esta recomendación:
 

  • Apuntar una tarea le otorga inmediatamente un status mayor que el de cualquier otro pensamiento que se cruce por nuestra mente.
  • Registrar una tarea nos ayuda a no olvidarla en medio del bombardeo de información al que estamos expuestos diariamente.
  • El saber que una tarea se encuentra asentada en un lugar confiable y fácilmente identificable (nuestra libreta preferida, nuestro Outlook, etc.) libera nuestra mente de la preocupación de saber que “teníamos algo que hacer” pero no recordar de qué se trataba.
  • Pocas cosas motivan más que tachar una tarea de una lista de pendientes, sabiendo que fue tratada con diligencia.

 
¿Básico? ¿Obvio? Invito al incrédulo a probarlo, pero a probarlo en serio, con compromiso. Anotemos todas las cosas que queremos lograr durante esta semana en un lugar confiable, que no olvidemos. Les aseguro que los resultados los van a sorprender.
 
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Emprendedores de Papel


Vivimos en una época en la que, por distintas razones, mucha gente sueña con dejar su empleo e iniciar su propia aventura emprendedora. Muchos lo hacen, con distintos grados de éxito, mientras que otros no logran quebrar ese miedo a lanzarse al vacío en busca de ese proyecto y ese tipo de vida que anhelan.
 
Razones para que esto ocurra hay miles, pero a medida que hablo con gente que tiene dentro la “llama emprendedora” pero no se anima a avivarla, me doy cuenta que una de las principales razones por las que muchas personas no emprenden está vinculada a los modelos de éxito que actualmente nos muestra la sociedad. Vemos jóvenes “empresarios” que desarrollan un producto sin precedentes en nuestro mercado, nos muestran triunfadores que trabajan de jean y zapatillas y parecen llevar una vida mucho más tranquila que la nuestra y nos preguntamos cómo podríamos nosotros, que sólo contamos con un puñado de habilidades y buenas intenciones, parecernos a semejantes “adelantados”. Bueno, me gustaría desmitificar un poquito este tema; quizás sirva para romper algunos paradigmas.
 
Durante el último año, tuve la suerte de vincularme con varios “emprendedores exitosos”, esos modelos a quienes todos querríamos parecernos. Pude charlar con ellos, conocer un poco más acerca de sus proyectos y aprender algunas lecciones muy valiosas. Sin embargo, para mi sorpresa, muchos resultaron ser lo que me gusta definir como Emprendedores de Papel. ¿Quiénes son estos pintorescos personajes?
 
Se trata de jóvenes (algunos ya no tan jóvenes) que se mueven en una especie de cofradía informal denominada “ecosistema emprendedor”. Es gente que tiene muchas ideas y en algunos casos llegan a plasmarlas en negocios concretos, pero que por sobre todas las cosas, venden una imagen. Y lamentablemente, esa imagen no siempre representa fielmente la realidad de sus proyectos, y eso es precisamente lo que desalienta a mucha gente a comenzar sus propios negocios.
 
Estos Emprendedores de Papel, generalmente, buscan ideas disruptivas, que tengan algún grado de innovación y denostan a aquellos proyectos que ofrezcan algo que ya existe, sin importar si ese proyecto logra uno de sus objetivos más básicos: proveerle sustento económico al emprendedor que lo lleva a cabo. Se aplauden entre ellos, se felicitan mutuamente y adoran a los mismos ídolos (Steve Jobs, el dios supremo). Nada tiene de malo todo esto, si no fuera porque en muchos casos sus proyectos dependen frágilmente de circunstancias que escapan por completo a su control… dependen para prosperar de que los planetas se alineen en el momento justo. Y no solo eso: sus proyectos no generan ingresos, no pueden vivir a través de su trabajo. Si quien emprende lo hace por amor al arte y no necesita que su trabajo le provea un ingreso periódico, excelente por él o ella, pero no creo que generar pérdidas sea la esencia de una aventura empresarial, al menos en un sistema Capitalista.
 
Lo que ocurre, entonces, es que cuando uno no está dentro de este “ecosistema emprendedor” y ve la situación desde afuera, puede llegar a confundirse y creer que no tiene nada valioso para ofrecer. “¿Cómo me voy a poner a cocinar tortas en casa y venderlas ‘a pulmón’? ¡Mirá lo que hace esta otra gente!”, se dicen algunos a sí mismos, y cajonean su sueño de hacer de su pasión por la pastelería un medio de vida, por poner un simple ejemplo.
 
Por eso, me gustaría que más gente se anime a ir por su propio proyecto personal y no confunda proyectos que son muy valiosos desde el punto de vista de la innovación con proyectos sustentables en el largo plazo. Algunos de los proyectos de los Emprendedores de Papel tendrán éxito, y está bueno que así ocurra porque seguramente nos ofrecerán alguna nueva solución a nuestras necesidades, pero estén seguros de que no es la única forma de emprender y mejorar nuestra propia vida.
 
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El Lado Oculto De La Negociación

Para finalizar el mes de Noviembre, nos gustaría regalarles a nuestros lectores un compendio de tres documentos PDF de nuestra propia aurotía llamado El Lado Oculto de la Negociación.
 
En ellos, analizamos distintas herramientas de las que muchas veces se valen los negociadores para inclinar la balanza a su favor durante la resolución de un conflicto. Posiblemente algunas se encuentren reñidas con la ética… no hacemos un juicio de valor al compartirlas. Nuestro único objetivo es difundirlas para que, a través de su conocimiento, podamos estar atentos a no ser víctimas de su utilización.
 
Para descargar los archivos, hacé click sobre los títulos de cada una de las siguientes partes.
 
El Lado Oculto De La Negociación – El Arte de Interpretar las Estadísticas, Parte 01

El Lado Oculto De La Negociación – El Arte de Interpretar las Estadísticas, Parte 02

El Lado Oculto De La Negociación – Tácticas y Trucos Sucios
 
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10 Caminos Al El Éxito En Cualquier Proyecto

 
Compartimos 10 tips que, simples como se ven, conducen inevitablemente al éxito en cualquier empresa.
 

    1. Ser disciplinado en los pensamientos y en las acciones, manteniendo por sobre todo un fuerte compromiso con los demás y con uno mismo.
    2. Ser optimista, aferrándose al poder que tenemos de conseguir a través de nuestras acciones resultados positivos, más allá de las dificultades que puedan surgir.
    3. Tomar la iniciativa, dando siempre más de lo que es necesario… antes de que sea necesario.
    4. Dar lo mejor de uno mismo en cualquier empresa.
    5. Ejercitar la inventiva, usando la creatividad y la imaginación para superar obstáculos y crear soluciones valiosas.
    6. Preocuparse por (y ocuparse de) nuestro prójimo, usando todos nuestros recursos y habilidad con el fin de dejarlo mejor de lo que lo encontramos.
    7. Ser determinado, sin rendirnos o entregarnos antes las adversidades y perseverando en la búsqueda de grandes objetivos.
    8. Ser considerado de los sentimientos ajenos, teniendo conciencia que todos pasamos por momentos de dificultad en nuestra vida.
    9. Escuchar lo que otros tienen para decir más que hablar de uno mismo. Por algo se nos dieron dos oídos y una sola boca.
    10. Liderar con el ejemplo, tratando siempre de inspirar al prójimo con nuestras acciones.

 

La Cadena Alimenticia Empresarial

Hace algunos meses publicamos un artículo titulado El Derecho de Piso, Esa “Cordial” Bienvenida, el cual contaba la historia de un excompañero de trabajo a quien me crucé en la calle y cuya vida profesional había despegado hacia niveles inimaginables en los tiempos en que coincidimos laboralmente.
 
Casualidad o no, durante los últimos días tuve la oportunidad de encontrarme con otros dos conocidos cuyas vidas cambiaron radicalmente, aunque con suerte dispar:
 

Uno de ellos era un cliente al que atendí en uno de mis trabajos en relación de dependencia. Un tipo sumamente simpático y con mucho carisma, quien por aquel entonces manejaba un humilde negocio de venta de artículos electrónicos por Internet. Contrataba los servicios que comercializaba mi empleador, pero lo hacía al nivel de sus posibilidades, es decir, compraba poco.
 
En este encuentro casual que mantuvimos me contó que las cosas fueron mejorando gradualmente y hoy cuenta con 22 empleados y una facturación que muchos quisiéramos tener. “Debés estar usando mucho los servicios de WWW (la empresa para la que yo trabajaba)” le dije. “Sí, bueno… en realidad no tanto… después de que te fuiste vos no nos atendieron demasiado bien y ahora contratamos los servicios de YYY (empresa competidora de WWW)”.
 
Nobleza obliga: nuestra cercanía, mientras duró nuestra relación cliente-proveedor, tenía que ver más con un mutuo aprecio personal que por los negocios que efectivamente podíamos realizar. Su negocio no daba para mucho y esa era la realidad.
 
Mi segundo encuentro de las últimas semanas fue con un exdirector de otra empresa donde trabajé, hace ya muchos años. Nuestro diálogo, luego de unas primeras palabras de salutación, fue algo así:
 
Yo: ¿Cómo van las cosas en AAA (la empresa donde trabajábamos, que no era WWW)?
Él: Ehh… no estoy más en AAA. Estoy trabajando por mi cuenta ahora… me dedico a la consultoría.
Yo: ¡Mirá qué bien! Yo también hago consultoría. Me imagino; tantos años en la empresa y te aburriste. Necesitabas un cambio.
Él: Sí, sí… se produjeron algunos cambios y, bueno… no me cerró más. Decidí irme y hacer la mía.
 
Siempre hay dos o más versiones de una misma historia y bastaron un par de llamados para corroborar que en realidad, este director no se había ido tan alegremente. Lo que ocurrió fue que una cierta persona con quien no tenía muy buena relación, pasó a ocupar un cierto puesto de poder desde el cual se “cocinó” la salida de nuestro protagonista. Voilá!
 
Estas dos historias me hicieron pensar en lo exiguo y cambiante de lo que yo llamo la Cadena Alimenticia Empresarial. La naturaleza trabaja distinto a los humanos en este sentido: la víbora siempre se come a la rata y el tiburón al pececito. Al revés no se da… nunca.
 
Pero en el mundo de los seres humanos, y en los negocios mucho más, la Cadena Alimenticia no es permanente y aquel que hoy parece insignificante, mañana es el dueño de nuestro porvenir laboral. Hoy ninguneamos al cadete que hace los trámites… mañana el chico crece, aprende y se desarrolla. Y con 7 años más sobre sus espaldas se convierte en nuestro jefe. Ayer no atendíamos las llamadas de “ese clientito que no tiene dos pesos para comprar nuestros servicios… de ese cuatro de copa”… hoy el clientito tiene 40 empleados, mucho dinero y un resentimiento de película hacia nosotros.
 
Esta reflexión habla del respeto hacia los demás… y para quien lo prefiera, habla del cuidado con los demás. Como le gusta decir a mi socio “siempre tenemos que respetar al prójimo, no importa qué tan ‘chiquito’ sea”. La vida es una calesita y al igual que como ocurre con el dinero, el poder va y viene. Hoy lo tenemos… mañana no. Pero mientras estemos subidos a la rueda, mejor ir cosechando amigos por el camino.
 

Soñar con Disciplina

Actualmente está muy de moda hablar acerca de alcanzar nuestros sueños. Al fin y al cabo, aun con sus dificultades, el mundo actual es un lugar mucho más amigable para hacer aquello que siempre deseamos (por eso la proliferación de carreras y negocios impensados en otra época).
 
En la facultad, tuve un profesor de Marketing que decía que hoy en día cualquiera puede llegar a la cima en su profesión. Su comentario generaba polémica porque parecía no contemplar a aquellos menos afortunados que quienes estábamos asistiendo a su clase. Sin embargo, no era eso a lo que él se refería: lo que nos quería decir era que con el acceso a la información y los recursos que tenemos hoy, una persona puede prosperar y llegar muy lejos en la vida, cosa que hace 50 o 100 años quizás no era tan sencillo de lograr.
 
Sin embargo, lo que a mi profesor se le olvidó comentar fue que el acceso a la información o a los recursos no es suficiente para triunfar en nuestra profesión. Apoyarnos exclusivamente en estos dos elementos puede ayudar, pero no alcanzará. Creo que faltaba un factor en la ecuación: la disciplina.
 
Es por esta razón que cuando hablamos de proyectar una carrera profesional, me gusta usar el término Soñador Disciplinado. Proyectar, imaginar, en fin, soñar a dónde queremos llegar en la vida es el primer paso para lograrlo. Es la piedra fundacional de nuestro éxito.
 
Pero cualquier cosa que nos propongamos lograr contemplará realizar muchísimas tareas poco gratificantes y muchas otras sumamente demandantes. Si no estamos dispuestos a hacernos cargo de ellas, nuestro sueño quedará solamente en buenas intenciones. O lo que es peor, culparemos a la mala fortuna por no haber llegado tan lejos como pudimos haberlo hecho. Pensemos en cualquier ejemplo de éxito, en cualquier ámbito. Si buscamos un poco más allá de lo que se ve a primera vista, nos vamos a dar cuenta que detrás de todo éxito, hay mucho esfuerzo, muchas horas de dedicación, mucha disciplina.
 
Una última reflexión: disciplina no debería ser interpretado como sinónimo de sufrimiento. Al menos, no es eso lo que trato de transmitir. Es muy propio de nuestra cultura, en particular por sus raíces religiosas, identificar al trabajo con una pesada carga que debemos llevar. OK, somos así. Pero eso no es una verdad universal. Hay muchos lugares en el mundo donde esforzarse por algo es lo que da sentido a la vida de la gente. Esto no está ni bien ni mal… es cultural.
 
Lo importante, en última instancia, es tratar de disfrutar del camino. Siempre vamos a tener que dejar de hacer algo que nos gusta más en pos de ser disciplinados en la consecución de nuestro sueño. Pero muchas veces, la sola idea del sueño cumplido es mucho más poderosa y gratificante que el dolor de haber postergado ese asado o ese partidito de fútbol con los muchachos.
 

 

 

Los Compradores de Humo

Mucho se dice, en particular en las áreas Comerciales, acerca de los perfiles “vendedores de humo”: hablamos de los Ejecutivos de Cuenta, que “se la pasan tomando cafecito”; de la gente de Marketing, cuyo trabajo consiste en diseñar planes de ventas terriblemente desafiantes cuando “ellos nunca se sentaron frente a un cliente”; y hasta de la gente de las áreas administrativas, que “se quejan, se quejan y se quejan” de todo el trabajo que tienen. Todos son, a su modo, vendedores de humo.
 
Pero hay una máxima que indica que nadie vende lo que a otro no le interesa comprar, por lo que resulta mucho más interesante analizar a “los compradores de humo”, aquellos que eligen por propia voluntad (a no engañarse, es por propia voluntad) aceptar aquello que hace más ruido, pero que contiene menos esencia. ¿Quiénes son estos personajes?
 
Muchas veces, resulta más sencillo para la convivencia o para mantener el status quo, mirar para otro lado y hacer de cuenta que no detectamos ciertas actitudes, o pretender que creemos en algo que nos dicen, cuando en realidad no es así. Estas son solo algunas de las típicas posturas del comprador de humo.
 
Pero también están aquellos que parecen gritar a los cuatro vientos: “¡Mentime que me gusta!”. ¿Cuántas veces tratamos con clientes que prefieren un proveedor que le mienta a otro que le diga la verdad? Se ve mucho en el campo de los sistemas y el software. Todos sabemos que casi ninguna implementación de un nuevo sistema se cumple en tiempo, pero hay profesionales que insisten en contratar a aquel proveedor que les “garantice” un menor tiempo de implementación que uno que le diga la verdad acerca de los verdaderos plazos requeridos.
 
En otros ámbitos también se ve esto: empresas que, por sobre aquellos consultores que les hablan con un alto grado de sinceridad y transparencia, valoran más a un consultor que transmita un verso como este:


En un mundo cada vez más complejo, dinámico y competitivo nuestros profesionales altamente especializados y con sólidos backgrounds técnicos trabajan en equipos interdisciplinarios garantizando el logro de resultados con alto valor agregado.

 
¿Qué significa, concretamente, esto? Absolutamente nada… es humo, señores, sólo humo… de esencia, cero.
 
Pareciera que, para los compradores de humo, no ser acartonado e hipócrita es algo propio de gente “poco profesional”. Realmente, es una lástima. El comprador de humo se engaña a sí mismo. A veces, incluso, busca a alguien a quien culpar de sus problemas (“la empresa que me vendió el software me dijo que estaría implementado hace dos meses”).
 
Todos, en algún momento de nuestra vida, compramos espejitos de colores. Algunas veces por error o ignorancia, otras por conveniencia, o por lo que fuera. Pero tenemos que estar atentos a no adoptarlo como un modo de vida y de trabajo, porque cuando el humo se disipe, no tendremos más remedio que aceptar la, muchas veces, cruda realidad.
 
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