Cómo Sostener Un Hábito (Por Más De Una Semana)

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En tiempos de bombardeo informativo como los que vivimos, muchos sienten que equilibrar los compromisos profesionales y los deseos personales se ha transformado en uno de sus desafíos más importantes. No sorprende, entonces, que cada vez más personas se hayan volcado, mientras dura el aislamiento social en que se encuentra un tercio del planeta, a investigar formas de resolver este dilema. Y así, con la ilusión como bandera, han comenzado a practicar los que se conocen como hacks de productividad. Algunos de los más populares son:
 

    • Cómo priorizar mejor…
    • Cómo motivarse a uno mismo…
    • Cómo no perder el foco en medio de tantas interrupciones…
    • Cómo dejar de postergar lo importante…

 
Lo cierto es que la propia definición de hack (“truco o atajo que aumenta la productividad”) nos plantea, tácitamente que la acción que emprendamos será un pequeño bálsamo que, en el mejor de los casos, nos permitirá tomar un poco de aire antes de seguir corriendo como un hámster en su rueda, una vez que la vida vuelva a la “normalidad”.
 
¿Por qué? Porque, a la larga, los trucos o los atajos no funcionan. Podés copiarte en un examen y aprobar, pero cuando tengas que conseguir resultados en el mundo real de poco te va a haber servido. Podés aprovecharte de algún cliente poco informado pero cuando se dé cuenta no solo no va a volver sino que va a ensuciar tu nombre por donde vaya (y con razón). Los trucos, a la larga, no sirven.
 

Somos nuestros hábitos

Las personas operamos en forma transparente en un porcentaje muy alto de nuestro día. Imaginate tener que reflexionar por cada paso que das, cada tecla que apretás en el teclado o la pantalla del celular, cada cambio que hacés al manejar y muchos etcéteras más. Si no funcionásemos así consumiríamos enormes cantidades de energía en actividades tan simples como lavarnos los dientes. Y todas esas tareas que realizamos en forma transparente, sin pensarlas, no son ni más ni menos que hábitos que en algún momento fueron difíciles pero, de tanto repetirlos, se transformaron en parte de quienes somos.
 
Por eso, la mejor forma de optimizar el uso de nuestro tiempo y la gestión de nuestras tareas, no es encontrar un truco mágico que todo lo arregle, sino hacer el esfuerzo genuino por incorporar nuevas formas de actuar de manera sostenida.
 
El tema es que instalar un nuevo hábito no es lo más fácil del mundo… dejar de fumar, empezar (y no abandonar) el gimnasio, hacer dieta, dejar de mirar tanto el celular son sólo algunos de los ejemplos más comunes. ¿Pero qué tan difícil es realmente?
 
Eso mismo se preguntó un grupo de investigadores del University College London y, después de estudiar a un gran número de personas, concluyeron que “en promedio, necesitamos 66 días de práctica continua o consciente para reemplazar un hábito por otro”. Traducción: después de hacer algo durante poco más de dos meses, esa tarea pasa a ser tan transparente que es más fácil hacerla que no hacerla.
 
Por lo tanto, las soluciones mágicas no existen. Se necesita compromiso, constancia y determinación. Pero se puede. Y en este artículo me gustaría compartirte cinco estrategias para transitar esos 66 días sin tanta resistencia.
 

1. Buscá tu verdadera razón

Los adultos solo cambiamos cuando tenemos un motivo de peso para hacerlo. Necesitamos una fuerte razón. Todos conocemos a un hombre o mujer que no podía dejar el tabaco, a pesar de sus muchos intentos. Pero el día que se enteró de que un bebé estaba en camino, como por arte de magia, dejó de fumar. ¿Fue magia? No, realmente no. Lo que sucedió es que tenía un incentivo tan grande que cambiar sus hábitos se volvió inevitable.
 
¿Sabés cuál es tu verdadera razón? ¿Por qué querés cambiar tus hábitos? ¿Cómo sería la vida si lo lograras?
 

2. Modificar el entorno

Generalmente, cuando queremos cambiar un hábito, nos apoyamos en nuestra fuerza de voluntad. Creemos que echar mano a la determinación será suficiente para lograrlo.
 
El problema es que la fuerza de voluntad, ha comprobado la ciencia, es como un músculo. Comenzamos el día con grandes cantidades pero, a medida que transcurre nuestra jornada, nuestras existencias se van agotando.
 
Mucho más práctico, entonces, es modificar nuestro entorno de manera tal que no tengamos que recurrir a la voluntad. ¿Cómo me resultará más fácil hacer dieta, con una heladera repleta de productos saludables o desbordante de gaseosas, dulces y helados? La pregunta se responde sola.
 
Así, podemos modificar nuestro entorno de muchas maneras para ayudarnos a nosotros mismos: podemos usar recordatorios que nos ayuden a no postergar lo importante, podemos bloquear el acceso a redes sociales en nuestras horas de trabajo, podemos dejar nuestro teléfono en otro ambiente o en un cajón. Cada uno sabe qué cambio a su entorno le resultará más útil y viable.
 

3. Un hábito a la vez

Conozco pocas frases más mentirosas que “año nuevo, vida nueva”. Si modificar un solo hábito nos lleva 66 días de esfuerzo y determinación… ¿te imaginás cambiar cuatro o cinco cosas al mismo tiempo por el simple paso de una hoja del almanaque? ¡No hay chances!
 
Por eso, una estrategia más efectiva es trabajar sobre un solo hábito y, cuando se haya consolidado, comenzar con otro.
 

4. Moderar las expectativas

Bajar la vara está muy vinculado a trabajar de a un hábito por vez. Muchas veces, sobrestimamos nuestra propia capacidad. Esto nos lleva, casi siempre, a frustrarnos y abandonar nuestros intentos de cambio. Empezamos a correr dos vueltas a la plaza del barrio (con mucho esfuerzo) pero ya nos anotamos para participar de la próxima edición del Cruce de los Andes, dentro de un mes.
 
Acordate, mejor ir cumpliendo objetivos graduales y construir sobre ellos que poner la vara demasiado alta y frustrarte en el intento.
 

5. Llevar el control escrito

Finalmente, pocas cosas te van a comprometer tanto con el cambio como llevar el control escrito de tus avances. Si nuestra mente tiende a olvidarse de lo que hizo hace diez minutos… ¿cuánto podrá recordar lo que hizo hace diez días, o hace un mes? Llevar el control escrito es una excelente forma de dar seguimiento a nuestro progreso y mantenernos en el camino.
 
Sí, buscar soluciones rápidas puede resultar tentador. Nos hemos vuelto adictos a las gratificaciones instantáneas a las que nos acostumbró la tecnología. Pero si realmente querés vivir mejor, dejá de hackear tu vida y comprometete a instaurar una nueva filosofía, más alineada con tus verdaderos valores y prioridades. Estos días de cuarentena no podrían ser una mejor oportunidad para comenzar.
 

 

 

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