Coronavirus: no pretendas atrapar el viento

descarga
Es humano y natural sentir miedo ante lo desconocido. El planeta entero se ha visto afectado por una pandemia para la que nadie podía estar completamente preparado ya que nunca habíamos enfrentado algo igual. Es casi imposible no sentirnos, en alguna medida, afectados por el curso de los acontecimientos.
 
Pero una actitud tan frecuente como asustarse ante lo desconocido es preocuparnos por lo que aún no aconteció (y, a decir verdad, no sabemos si acontecerá). Ya lo dijo mejor el filósofo francés Michel de Montaigne:
 

Mi vida ha estado llena de terribles infortunios, la mayoría de los cuales nunca sucedieron.

 
Por eso, para no sumarle más preocupación a un tema que indudablemente merece nuestra atención, me gustaría compartir algunos comentarios sobre cómo gestionarnos a nosotros mismos en tiempos de Coronavirus.
 

Lo que controlo y lo que no controlo

El miedo es una emoción que aflora ante la inminencia de una pérdida. Siempre que nos asustamos, en el fondo juzgamos que hay algo que podemos llegar a perder. En el caso de esta pandemia, creo que el interés de la mayoría es no perder su integridad física, la salud.
 
Y ante una pérdida potencialmente tan grande, una reacción habitual es la de tratar de mantener todo bajo control. Así fue que vaciamos las góndolas de los supermercados, extremamos las medidas de limpieza y bombardeamos a nuestros amigos, colegas y conocidos con consejos a través de Whatsapp. El problema es que como esto lo hago yo, lo hace mi familia, lo hacen mis amigos y lo hace todo el mundo, se termina desencadenando una ola de psicosis que nos hace sentir cualquier cosa, menos tener el control de la situación.
 
Epicteto, el antiguo filósofo estoico de origen esclavo, tenía una receta muy práctica para llevar adelante una buena vida que creo que sería de mucha utilidad en este momento. Decía así:
 

En la vida, nuestro primer trabajo es distinguir y dividir las cosas en dos categorías: externas, que no puedo controlar. Y las elecciones que tomo con respecto a las primeras, las que sí puedo controlar. ¿Dónde encontraré lo bueno y lo malo? En mí, en mis elecciones.

 
De alguna manera, nos estaba diciendo que hay cosas que podemos controlar y otras que no y que vivir bien o mal dependerá más de nuestras elecciones que de los hechos en sí mismos.
 
¿Qué cosas podemos controlar?
 

    • La forma en que gestionamos nuestras emociones.
    • Las opiniones que tenemos sobre las cosas.
    • La actitud con la que enfrentamos los acontecimientos.
    • Las cosas que deseamos.
    • Las decisiones que tomamos.
    • La determinación con la que perseguimos lo que nos importa.

 
¿Y qué cosas no podemos controlar?
 
Todo lo demás.
 

Hecho mata percepción

Es utópico pretender controlar cualquier cosa que no figure en el listado anterior. Y ante la falta de control de una pandemia de semejante magnitud, entramos en pánico, nos asustamos y la pasamos mal.
 
Pero como el miedo surge de la forma en que estamos percibiendo la situación y no de la situación en sí misma, necesitamos recurrir a lo único que tiene el poder de tranquilizarnos: los hechos.
 
Y los hechos dicen lo siguiente:
 
Al momento de escribir este artículo, Worldometers.info informaba que en el mundo había un total de 197.159 infectados por el virus.
 
De ese total, el 41,43% (81.683) ya se habían recuperado y solo el 4,03% (7.949) habían fallecido. El resto, se encuentran aún bajo tratamiento.
 
El virus se puede prevenir con un alto grado de efectividad lavando regularmente nuestras manos y, especialmente, evitando el contacto directo con personas infectadas. Pero como en estadíos tempranos el virus puede presentarse asintomático, la mejor forma de evitar la transmisión es tomando distancia de todo el mundo, es decir, aislarnos. El crecimiento de la tasa de transmisión es exponencial por lo que, al aislarnos, evitamos que los sistemas de salud colapsen y que los casos que ya existen puedan ser tratados con éxito.
 
Y no solo esto, siguiendo estos consejos también minimizamos las posibilidades de contagiarnos nosotros o nuestras familias.
 

¿Cómo aprovechar nuestro tiempo de aislamiento?

No creo que a alguien le agrade la idea de aislarse del mundo por dos semanas, tres o el tiempo que haga falta. Si vivís solo puede llegar a ser bastante aburrido y si tenés hijos, enloquecedor. Pero pasar un tiempo alejados de nuestras rutinas puede acarrear grandes beneficios, si sabemos cómo aprovechar ese tiempo.
 
¿Qué podemos hacer durante la cuarentena? Estas son algunas ideas:
 

    1. Aprender: leer ese libro que hace tiempo está apoyado en un mueble de casa, tomar un curso online, estudiar un idioma en Duolingo, mantener sesiones virtuales con un Coach para gestionar mejor nuestras emociones.
    2. Inspirarnos: reflexionar sobre nuestras prioridades, estudiar las vidas de personas a quienes admiramos.
    3. Pasar tiempo con la familia: ironía al margen sobre quienes tienen hijos, la cuarentena autoimpuesta es una gran oportunidad para compartir con nuestros seres queridos y desarrollar un vínculo más profundo con ellos.
    4. Ejercitarnos: no necesitamos mucho espacio para hacer algunas abdominales, flexiones de brazos o estocadas.
    5. Descansar: aprovechar que, al no tener que trasladarnos a nuestros trabajos, podemos descasar un tiempo más antes de conectarnos (si estás haciendo teletrabajo).
    6. Acompañar: ayudar a otros a bajarse de la rueda del pánico y observar este momento con mayor perspectiva.

 
En medio de esta pandemia, intentar mantener todo bajo control no es muy distinto a pretender atrapar el viento, una verdadera utopía. Pero podemos aprender de los navegantes, que con sus grandes velas lo embolsan y usan su fuerza para cruzar los ríos y mares. Busquemos el lado positivo de esta situación. No la elegimos, no la hubiésemos deseado, pero está entre nosotros. De nosotros, y de nadie más, depende padecerla o trascenderla.
 

 

 

Deja un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.